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Lastimas, bandoneón...
La última curda, es una charla entre el poeta y el bandoneón acerca de la muerte.
Don Cátulo Castillo, le canta también a este instrumento, uno de pocos que han inspirado tanta intimidad.Quizá porque para tocarlo hay que apoyarlo entero sobre una o ambas piernas, como a un bebé o a una mujer querida y es necesario abrazarlo y con la cabeza baja entregarse a él.
Interesante es que el poeta, el hombre lastimado y el bandoneón han llegado juntos a la frase sabia: "la vida es una herida absurda" , y se hablan, se replican, se interrumpen, se contestan, hasta el punto que no sé, a veces, quien dice qué.
Crear una muerte que sea una curda, la última, y un teatro que cierra el telón y su función porque "es todo, todo, tan fugaz" ,me lo creo, hasta es necesario. Pero lo del viejo amor ausente que hace que se tiemble hasta lo fatal, lo entiendo exagerado.
Como dice un sabio: "después de los cuarenta nadie se muere de amor", y acá viene lo que repitiera Jorge L. Borges, en más de una oportunidad con respecto al tango del 30 en adelante, y que parafraseo:
"que le daba asco; que un hombre verdadero de Buenos Aires jamás lloraría, y menos en público, por un amor perdido; que vinieron los italianos y arruinaron el tango, con ese muchacho que cantaba...
¿cómo se llamaba?..." ( preguntaba irónico, por Carlitos Romualdo Gardel)Pero creo que hace falta coraje para cantarle a la muerte. En cuanto al amor, si se siente vana la vida sin él y se arremete para salvar el vacío, hará falta más que coraje, porque la muerte es un segundo, el amor es para siempre.
Ahora, si en el 1956, la vida era una herida absurda, qué hay de hoy, año 1998...
¿Qué es la vida?, ¿nos hiere?, ¿ entramos en las paradojas absurdas que arrean la tropilla de la zurda para volcar la última curda ? Aunque parezca extraño, mientras no volvamos a hablarle a bandoneones, al río, a las computadoras (¿ por qué no, eh...?) , ni la vida ni su estado de futilidad, serán contemplados y menos aún enfrentados a pesar de que esté latente con toda su furia.Y yo..., que quería jugar con el tango. Perdonen, esta vez no pude.
Quizá la próxima.
G tec - 12/06/04