poema

Los ajíes de Tijuano Luna

Tijuano Luna
obedece corredores en la cómpani,
mientras rostros le sonríen
con los labios apaisados,
según disponen los manuales
                           
de la co & bro.

Tijuano Luna,
el amable ordenanza,
sin la cara a sueldo,
se prodiga
en cada edificio cuadrado,
en cada oficina cuadrada,
en cada empleado y empleada,
en el gerente general que grita:

"la luna de Tijuano es luna indócil,
no se aviene a la fórmula de lunas
según nuestro manual de lo dócil."

Igual Tijuano entiende
y a cuajadas palmas
sirve bandejas exóticas
a gerentes que gustan inseguros,
pues no hay reglamento de manjares
en los libros y manuales de la cómpani.

Cuando uno de ellos mastica desconfiado
los ajíes con salsa del país,
Tijuano Luna
recuerda a su abuelo
saliendo hacia la huerta:

"Vamos, Tijuanico,
cultivemos el fruto picantón,
la tierra siempre grita. "

 

Osvaldo Spoltore

 

 

Explicando Tangos

¿Explicar un tango?
¡No...!, pero jugemos.

Nada más "serio" que un tango y un argentino de Buenos Aires. Nada más impropio para jugar. Si las risas nos las hemos amputado de los labios y eso que lloramos de hace un siglo algo que se llama tango: nuestras vidas dichas descarnadamente.

Creo que una forma inconsciente, quizá inútil, de luchar contra la futilidad de vivir es ésa: hacer del verdadero llanto una costumbre. Otros pueblos lo enfrentan de otras maneras, puede que con una extraordinaria cerrazón y parquedad en la expresión del sentimiento o con una enorme facilidad para evadirse con ilusiones, fantasías, risas falsas.

Buenos Aires contrapuesta a Hollywood.  Con distintas armas le hacemos cosquillas a la muerte. Hollywood con fantasías, con montañas de arabescos tapando el dolor. Buenos Aires, pretendiendo vaciar toda las muertes llorándolas de antemano, como adelantando el destino. Ilusos de acá, le decimos: -vení, peleá- aunque íntimamente sabemos que no vendrá hasta que se le dé la gana. Y siempre gana.

Les dije..., nada más serio que un tango, nada más solemne que un porteño en Buenos Aires. Porque además, los que han bajado de los barcos a llenar esta tierra, mayormente españoles e italianos, aunque pudieran haber sido cualesquiera, y los que les hemos sucedido, convivimos aquí con un océano muerto: la pampa, un plano infinito y fértil, con poco monte, sin bosques, fértil de horizontes inasibles, pampa que ha creado misterios.

Uno de ellos, me atrevo a proponerlo: es el tango. Y yo con él, si me permiten, con mucha seriedad, tengo ganas de jugar, aunque no sepa, aunque me cueste, aunque haya empezado tan mal con este llanto y prefacio, que para mí no es más que una lágrima acostumbrada.


"LA ULTIMA CURDA"

Música: Anibal Troilo
((( melodía )))
Letra: Cátulo Castillo - 1956

Lastima, bandoneón,
mi corazón...
tu ronca maldición maleva.
Tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
a lo mas hondo
donde el barro se subleva...

Ya sé... no me digás...
Tenés razón!...
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda
- nada más-
¡mi confesión!

Un poco de recuerdo
y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Es una gota de rezongo lerdo
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda...

Cerrame el ventanal,
que quema el sol
su lento caracol de sueño...
no ves que vengo de un país
que esta de olvido,
siempre gris,
tras el alcohol.


...Contame tu condena,
decime tu fracaso,
.... no ves la pena
que me ha herido?...
Y hablemos simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido...
Ya sé que me haces daño
!...Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino!...
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función corriéndole
un telón al corazón!...

 

Lastimas, bandoneón...

La última curda, es una charla entre el poeta y el bandoneón acerca de la muerte.
Don Cátulo Castillo, le canta también a este instrumento, uno de pocos que han inspirado tanta intimidad.

Quizá porque para tocarlo hay que apoyarlo entero sobre una o ambas piernas, como a un bebé o a una mujer querida y es necesario abrazarlo y con la cabeza baja entregarse a él.

Interesante es que el poeta, el hombre lastimado y el bandoneón han llegado juntos a la frase sabia: "la vida es una herida absurda" , y se hablan, se replican, se interrumpen, se contestan, hasta el punto que no sé, a veces, quien dice qué.

Crear una muerte que sea una curda, la última, y un teatro que cierra el telón y su función porque "es todo, todo, tan fugaz" ,me lo creo, hasta es necesario. Pero lo del viejo amor ausente que hace que se tiemble hasta lo fatal, lo entiendo exagerado.

Como dice un sabio: "después de los cuarenta nadie se muere de amor", y acá viene lo que repitiera Jorge L. Borges, en más de una oportunidad con respecto al tango del 30 en adelante, y que parafraseo:

"que le daba asco; que un hombre verdadero de Buenos Aires jamás lloraría, y menos en público, por un amor perdido; que vinieron los italianos y arruinaron el tango, con ese muchacho que cantaba...
¿cómo se llamaba?..." ( preguntaba irónico, por Carlitos Romualdo Gardel)

Pero creo que hace falta coraje para cantarle a la muerte. En cuanto al amor, si se siente vana la vida sin él y se arremete para salvar el vacío, hará falta más que coraje, porque la muerte es un segundo, el amor es para siempre.

Ahora, si en el 1956, la vida era una herida absurda, qué hay de hoy, año 1998...
¿Qué es la vida?, ¿nos hiere?, ¿ entramos en las paradojas absurdas que arrean la tropilla de la zurda para volcar la última curda ? Aunque parezca extraño, mientras no volvamos a hablarle a bandoneones, al río, a las computadoras (¿ por qué no, eh...?) , ni la vida ni su estado de futilidad, serán contemplados y menos aún enfrentados a pesar de que esté latente con toda su furia.

Y yo..., que quería jugar con el tango. Perdonen, esta vez no pude.
Quizá la próxima.

Hasta la vuelta...

G tec - 12/06/04