--INDICE DE TITULOS Y SUBTITULOS
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INTRODUCCION - DEL COMIENZO DEL COSMOS AL HOMO DELIRANS
- EL LIBRO
- LOS NAVEGANTES CELESTE
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EL IMPERIO BRITANICO
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CIVILIZACIONES. SIGLO XX - La gran Guerra 1914-1918
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VIETNAM
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1999. EPILOGO
- -----Ex Libris ------ EL VIAJE. Una parábola sobre la vida humana
--------------------------- LOS SILENCIOS
 

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Los Navegantes celestes "La historia de las teorías cósmicas, dice Arturo Koestler, en particular, puede sin exageración ser llamada una secuencia de obsesiones colectivas y esquizofrenias controladas, y la manera por la cual se llegó a alguno de los más importantes descubrimientos hace recordar más a la performance de un sonámbulo que a un cerebro electrónico.”

Esta cita conviene al texto de este ensayo al coincidir con su hipótesis central del funcionamiento humano y de la acción onírica como agente movilizador de la creación de realidades por el hombre. Observar, unidos en algún sistema, los sinuosos caminos de la relación de los cuerpos celestes entre si, con la posición de la Tierra fue un paseo largo y brillante como lo fue el estilo de los delirios de esos tiempos del Renacimiento en los que se mezclaban religión, mitología, astronomía, astrología, química y alquimia en combinaciones ingeniosas a menudo poéticas. Horas traviesas, porque el homo delirans no sólo no pierde su condición de ludens sino que potencia ambas qualias entre sí; días y noches de indagación, estupor e inventiva al borde de la alienación por el fuego del entusiasmo; saltando de lo real a lo irreal; confundiendo uno con lo otro en el estremecimiento de la creación, es el estilo natural del Homo delirans..

El nuevo examen de los cielos fue el resultado de la recuperación del mundo antiguo. En la época de los griegos fueron los filósofos, los matemáticos y los astrólogos los que los interrogaban. Cada uno, buscaba lo suyo, los primeros, la verdad; los segundos su correspondencia matemática con la geometría; los terceros su influencia en la historia. Entre ellos, Aristarchus de Samos, el último de los astrónomos pitagóricos, había proclamado en el Siglo II aC que el Sol y no la Tierra era el centro del sistema planetario.

Entre esa afirmación y su reafirmación de Copernicus, pasaron diecisiete siglos. Durante ellos, sólo dos griegos eminentes, Aristóteles y Platon, fueron de hecho los únicos reconocidos como filósofos. El resto reapareció en los siglos catorce y quince con el Renacimiento. La doctrina cristiana adoptó el Antiguo Testamento y redactó el nuevo. En la Edad Media, la teología con Alberto Magno y Tomás de Aquino incorporó los principios de Aristóteles a los métodos discursivos que explicaban la filosofía cristiana. Así fueron las fuentes fundamentales de las nuevas conjeturas astronómicas.

 

 

Nicolaus Copernicus , fue conocido con este nombre latinizado. Originalmente era Nicolaus Koppernikgt (1473-1543) y había nacido en Torum, al norte de Polonia. Es decir perteneció plenamente por derecho propio al Renacimiento y tenía de éste la versatilidad de la vocación de saber. Empezó estudiando matemática, después siguió con derecho canónico y tambien medicina.

A la muerte de su padre, un tío -Lucas Waczelrode- se hizo cargo de él. Lucas fue nombrado Obispo. Como tal, padecía la tendencia nepotística visible en los dignatarios de la Iglesia y repartió varias prebendas en su familia. Nicolaus alcanzó la dignidad de Canónigo de la Catedral de Frauenburg. Ello le proporcionó los fondos necesarios para dedicarse a sus tareas vocacionales.

Nicolás vivió con su tío hasta la muerte de éste en que se mudó a Frauenburg. Escribió dos libros: uno el Commentariolus y otro el tratado fundamental, “De revolutionibus orbium mundi”. El primero circuló sólo en copias manuscritas. El primer ejemplar del segundo le llegó el día mismo de su muerte. Su publicación había sido demorada por su autor, durante más de 30 años.

En ambos sostuvo que el Sol es el centro del sistema planetario y que su aparente moción, se debe a la rotación de la Tierra en su propio eje.

La remota inspiración de Copernicus en varias instancias, había sido Pitágoras cuyos principios eran las relaciones entre el orden cósmico, la geometría y los números. De allí la búsqueda de una cosmovisión por la vía matemática, las ideas de la perfección del universo; las del secreto que implicaban que la difusión de los conocimientos en alguna medida los contaminaba, algo así decía “como si uno pusiera agua clara, fresca, en un pozo lleno de suciedad - porque la suciedad se agitaría y el agua se perdería.” En consecuencia, la publicación de sus apuntes le era inconcebible.

Fue en esa época, cuando entró en la escena un extraño joven, que había adoptado el nombre de Rheticus, era Profesor de Matemática y Astronomía en la Universidad de Wittenberg y se había propuesto la publicación de los apuntes. de Copernicus. Para ello lo buscó e hizo todo lo necesario con el fin de lograr la impresión de lo que era la Revolucionibus . Fue precedida por su Narratio Prima, una versión del mismo Rheticus, en la que hizo un sapiente resumen de las partes esenciales abriendo así el camino a la obra completa del Canónigo.

En el texto agregó una digresión astrológica propia, en la cual interpretaba la caída de los Imperios Romano y Musulmán, como provocada por la eccentricidad de la órbita terráquea.

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Koestler escribió que “las ideas de la Tierra móvil y que el sol era el verdadero director del sistema planetario, pertenecían ambas a la antigua tradición de cosmología y fueron muy discutidas en los tiempos de Copernicus. Pero, a pesar de ello el Canónigo Koppernikgt, fue indudablemente el primero en desarrollar la idea en un sistema comprensivo”

Tanto la Antiguedad como el Renacimiento carecían de los instrumentos necesarios para la observación de los fenómenos celestiales. El camino de sus presunciones hasta la invención de los primeros telescopios fue casi totalmente imaginario. Se ignora como Aristarchus llegó a dos afirmaciones fundamentales: el Sol como centro del Universo y la rotación de la Tierra sobre su propio eje. Copernicus aceptó ambas suposiciones sin nombrarlo como antecedente.

Lutero y Melanchton atacaron la posición de Copernicus. El primero, tratándolo de astrólogo arribista, dijo “Este tonto desea dar vuelta la ciencia entera de la astronomía; pero la Sagrada escritura nos dice que Josué mandó al Sol a detenerse, y no a la tierra.” El otro, comentó: “afirmar tales cosas públicamente y el ejemplo es pernicioso. Es parte de una buena cabeza, aceptar la verdad tal como fue revelada por Dios y acatarla”. Ambos tenían autoridad religiosa como resultado del triunfo parcial de la Reforma sobre la ortodoxia católica. Pero en lo que se refería a los cielos la fuente de referencia era una misma Biblia para ambas religiones. Por cualquiera de los dos caminos: católico o protestante se llegaba a una misma verdad o a una misma herejía. Con respecto a la población celeste el Dios era uno y el mismo.

Copernicus, que era luterano no podía ignorar esta grave infracción, y fue esta una de las razones que retardó la publicación de su trabajo. La otra se refería al secreto de las ideas. De todas maneras, la obra resultó confusa e ilegible en buena parte. Publicada en 1543, no tuvo la menor trascendencia. Juzgada fríamente su valor era ínfimo. Llegaba a una solución real -ya expuesta hacían quince siglos- por vías imaginarias, sin fundamentos experimentales ni matemáticos.

Con estos antecedentes factuales,resulta de singular interés seguir el modo no-linear, en virtud del cual, Copernicus se convirtió por una combinación de hechos culturales impensables en el autor a quien se le atribuyó la Revolución Copernicana, acontecimiento histórico cuya repercusión concreta debía haber sido de importancia mayor que todos los cambios políticos concebibles porque no se trataba de postular la posición de una sociedad, sino la de los cielos.

Johannes Kepler y Tycho Brahe

Kepler se recibió a los veinte años en la Facultad de Artes de la Universidad alemana de Tuebingen y después estudió cuatro años Teología, porque quería seguir la carrera eclesiástica luterana. Pero un año antes de recibirse, le ofrecieron un cargo de Profesor de Matemática y Astronomía en la ciudad de Gratz, en la Provincia austríaca de Styria. Esta fue la gran bifurcación de su vida, colocándolo en la historia entre los exploradores del cosmos.

En la Universidad, había tenido ocasión de defender la tesis de Copernicus y se había entretenido en especulaciones cosmológicas. Ya en Gratz esta actividad formaba parte de su tarea habitual junto con la de astrólogo. A los veinticinco años publicó el Mysterium Cosmographicum. En el Prefacio escribió que de su Maestro Maestlin, había oído hablar de Copernicus y de su teoría y que estaba de acuerdo en admitir al Sol como centro del universo, ‘por razones físicas, o si Vd prefiere, metafísicas’. Esta preferencia, lo llevó a plantearse la pregunta de por qué habían sólo seis planetas -que eran los conocidos en ese momento-y no veinte o doscientos. De allí arrancó su preocupación por las leyes del movimiento planetario. Sus primeras tentativas terminaron en soluciones equivocadas. Se trataba de ubicar los planetas en órbitas perfectamente circulares unicas coincidentes con la perfección geométrica según la tradición aristotélica.

El camino del creador es siempre delirante. Interviene el hombre entero, su racionalidad, sus prejuicios, su inconsciente, la emoción, las racionalizaciones inevitables, mezcla de error y eventual sabiduría, su estado físico, su propia historia, su ambiente circundante. Cuando de tal efervescencia se desprende una teoría aceptable como verdadera, de su largo y tortuoso trayecto, no queda sino la huella limpia ‘racional’ a la cual se le atribuye todo el mérito. El resto desaparece de la vista, como los detritos que se barren cuando la construcción ha concluido.

Nada hay más imaginario que el camino de la creación. Si algún trance de la vida es semionírico, y no puede existir sin ensueño es precisamente el que convoca al daimon socrático, figura mágica, inspiración y gracia. En ninguna parte es más patente el dream-state mezclado a la necesaria vigilia, que en el momento en que el entusiasmo -que etimológicamente significa ‘inspiración divina’ -se encuentra con la palabra o el color o la nota, la veta, o la tierra que se buscaba.

Veinticinco años más tarde con cincuenta años de edad, Kepler publicó una segunda edición de su primer libro. En éste ya estaban las semillas de sus aciertos posteriores. Cuando aquella apareció ya había encontrado lo que había estado buscando.

Es recién entonces cuando se puede hablar de Tycho Brahe. fue un gran señor danés, astrónomo vocacional que vivía entonces en Basilea; amigo de Erasmo, Paracelso y de toda una pléyade de humanistas y a quien el Rey Federico II de Dinamarca, que quería tenerlo en su país, para que continuara en él sus ‘studia mathematices, fundamentalmente cosmológicos, concedió ad vitam, una isla llamada Hveen, de tres millas de extensión, con sus arrendatarios, todas sus dependencias y una considerable renta anual aparte de los fondos necesarios para los edificios e instrumentos.

Allí Tycho hizo construir ‘Uraniborg‘ o ‘Castillo de los Cielos’, al que equipó ricamente como correspondía a su categoría, alli concentró los mejores instrumentos de medición celeste que había en Europa y toda una serie de aparatos que él mismo inventó y perfecciónó. Allí vivió veinte años, con su bufón Jepp y una larga familia natural que había formado con una mujer de su servicio. Además, hizo construir otro edificio al que llamó ‘Stjerneborg ‘ o Castillo de las Estrellas, edificado bajo tierra para preservar mejor el instrumental. En su techo se abrían grandes ventanales para la observación nocturna.

‘Uraniborg’, tenía como centro un gran edificio. que era al mismo tiempo, la residencia de Tycho y su lugar de trabajo. Edificado bajo sus instrucciones con la asistencia de un arquitecto alemán, es una mezcla de diversos estilos, gótico, renacentista , con otros puramente inducidos por la conveniencias de las observaciones astronómicas. En derredor, tenía un gran jardín con un muro que lo contenía y unos edificios menores donde se alojaba el personal de servicio y su prensa de impresión, adyacente a una planta pequeña de fabricación de papel. Todo el conjunto reflejaba tanto la meticulosidad como la excentricidad del personaje.

La variedad de su equipamiento astronómico hizo posible la exactitud de los registros. Con ellos solamente Tycho no pudo diseñar un sistema válido pero sin la información que él recogió, Kepler no hubiera podido enunciar sus leyes del movimiento de los planetas. Fue el encuentro de sus datos con el genio de Kepler lo que produjo el descubrimiento. Otro gran ejemplo de no-linearidad histórica y la intervención oportuna del azar.

Las relaciones de ambos fueron siempre tumultuosas. Ambas personalidades eran conflictivas e iracundas. Tycho era muy celoso de sus cifras y no las compartía con Kepler sino a regañadientes. En una de sus cartas éste se quejaba:: “Tycho no me da oportunidad de compartir sus experiencias....(sólo) al pasar, hoy, la cifra para el apogeo de un planeta, mañana, los nodos de otro”. Kepler por su parte, vivía aquejado por problemas externos concretos e internos imaginarios.

Dada tal disposición de ánimos si Tycho no hubiera muerto el 4 de noviembre de 1606 es improbable que Kepler hubiera encontrado los rastros que lo condujeron a enunciar sus tres leyes planetarias. El patricio fue enterrado con gran pompa en Praga. Se puede ver hoy su tumba en la Catedral de Tyn de esa ciudad en donde se representa en una plancha de metal su gran figura, con su nariz recompuesta con el puente de oro que sustituyó el que le cortaron en un duelo en sus tiempos de estudiante.

Kepler quedó al fin con las observaciones de Tycho Brahe que comprendían cientos y cientos de cifras recopiladas sobre las mismas órbitas planetarias en años de registros impecables.

A la muerte de Tycho Brahe que era Imperial Mathematicus del Emperador Rudolf II de Bohemia, Kepler fue nombrado en ese cargo vacante. Pero su tarea cientifica hasta completar la tarea que Tycho le había encomendado le llevaría aún un arduo trabajo matemático.

.A través de esa búsqueda, trazó el camino de una nueva Astronomía. La tarea era estudiar la órbita de Marte. La dificultad mayor residía en la difícil estimación matemática de sus irregularidades. Le llevaría a Kepler seis años de trabajo y miles de páginas de cálculos. La más importante reflexión a los efectos de este ensayo surge al describir el motivo que le ocasionó tanta fatiga. Fundamentalmente fue la lucha interna entre sus prejuicios y los resultados de sus cálculos matemáticos. Kepler, se mantuvo fiel a las ideas de Platón y Aristóteles que consideraban que la perfección divina de la creación admitía sólo formas perfectas para los cuerpos celestes: la esfera y el círculo. En consecuencia, todas las veces que los números llegaban a otros recorridos empezaba de nuevo y rehacía los cálculos.

De la búsqueda de la órbita circular para Marte, quedó el testimonio irrefutable de más de novecientas páginas de números manuscritos en su caligrafía menuda. Al final de cuatro años de intentos llegó a una conclusión para él escandalosa pero “...bastante simple: que el curso del planeta no es un círculo - se curva para adentro en los dos lados y para afuera otra vez, en los lados opuestos. Tal curva es llamada un óvalo. La órbita no es un círculo, sino un óvalo”. Además, esta comprobación era plausible porque la mutua atracción de dos cuerpos, el Sol y Marte lo determina así.

Frente a la realidad de miles de cálculos repetidos, la fuerza dogmática imaginaria que venía desde el fondo de los siglos, vencía una y otra vez. Insistentemente, los resultados empíricos de las fórmulas y ecuaciones que componían la órbita como elipse. En Julio de 1603 escribió a un amigo que era incapaz de resolver el problema geométrico excepto “si sólo la forma fuera una perfecta elipse, se podrían encontrar todas las respuestas.”

Al final, aceptó la parte real concreta de sus cálculos, y la 1ra Ley del Movimiento Planetario dice “Todos los planetas se mueven en cursos elípticos, con el Sol en uno de los focos”.

Kepler no llegó a formular la Ley de la Gravedad Universal. Pudo haber llegado a ella llevando un poco más lejos sus propias observaciones. Así lo hizo Newton que indagando más profundamente la 3ra Ley planetaria, de lo que lo había hecho su propio descubridor, encontró la clave de la gravitación.

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Galileo Galilei

Si se encuentra a Galileo en esta parte del texto no es por sus contribuciones a la astronomía teórica, sino por sus experiencias iniciales del telescopio. Fue su método de control de la curvatura de lentes ópticos que permitió adaptarse a la observación de los cielos. Con ejemplares de su factura fue el primero que se aplicó a la exploración de la noche estelar. Así descubrió la miríada de estrellas que compone la Vía Láctea; que la superficie de la Luna no era lisa sino escabrosa; advirtió las manchas del sol y su movimiento le confirmó la visión copernicana. Llamó a los satélites de Júpiter Sidera Medicea , las ‘Estrellas Mediceas’ en honor de Cosme de Medicis a cuyo servicio estuvo. Fue el primer observador telescópico de las fases de Venus y de los anillos de Saturno. Estos descubrimientos fueron publicados en 1610 en su obra Sidereus Nuncius, o el “Mensajero Estelar”.

En 1616 tuvo un conflicto con la Iglesia a raíz de su aceptación de la teoría de Copernicus que era opuesta al Antiguo Testamento y cuyo libro fue colocado en el Index. En 1624 volvió a Roma. Era Papa Urbano VIII Barberini, hombre ilustrado, antiguo amigo y protector de Galileo. Pero la herejía era demasiado enorme y no se evitó el decreto papal que declaraba ‘falsa y errónea’ la afirmación copernicana.

Galileo fue un hombre de carácter polémico e irascible, ejemplo eminente del impulso competitivo, dotado de indiscutible genio científico, fundador de la moderna ciencia de la dinámica; expositor brillante en una conjunción temible de claridad y sarcasmo, profesor primero de la Universidad de Padua y después filósofo y matemático en la Corte de Cosme II de Medici; observando una oscilación ocasional de la lámpara de una iglesia comenzó especulaciones sobre el curso pendular que le sugirieron su aplicación al reloj.

En 1632 publicó su gran libro que llamó “Diálogo di G. Galilei..dove si discorre sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano.” Se publicó en 1632 fue recibido como una obra más peligrosa para la doctrina de la Iglesia que Lutero y Calvino juntos. Fue juzgado por el Santo Oficio y obligado a renegar de esas creencias científicas con una fórmula por la que ‘abjuraba, maldecía y detestaba ‘ sus errores pasados. Esta sentencia implicaba la prisión, pero le fue impuesto un arresto domiciliario que se mantuvo los últimos ocho años de su vida.

El juicio a Galileo fue probablemente el acto más espectacular que señaló el ocaso de la Inquisición romana y una muestra clara de la imposibilidad de mantener preceptos científicos cualquiera fuese su prueba y verdad frente a una cosmología imaginaria transmitida por revelación divina y defendida por el poder eclesiástico. Galileo declaró que el Libro de la Naturaleza está escrito con caracteres matemáticos.

Prodigioso pensador, matemático y geómetra, en 1634 publicó su “Discorsi....attenenti alla meccanica” recapitulando sus reflexiones sobre los principios generales de esta disciplina a la cual había aplicado una serie de experimentos que constituyeron un nuevo método científico teórico y experimental. Ciego y aún recluído en su domicilio de Arcetri no interrumpió su vigorosa reflexión hasta su muerte en 1642. Homo delirans genial, sarcástico, gran escritor y maestro del estilo polémico en su lengua italiano dejó una obra de más de veinte volúmenes en la edición de Antonio Favaro de 1909.

Hechos y figuras del Renacimiento Italiano

Los Papas

La Corte Pontifical fue siempre una entidad singular que estimulaba la fantasía de los Papas reinantes haciéndolos soñar alguna vez con una suerte de Teocracia a la cabeza del mundo cristiano. En ello residió una buena parte de su irrealidad.

Eran verdaderos Reinos. Más que Príncipes, fueron Reyes, y como tales hicieron la guerra y concertaron alianzas con otros Reyes y Emperadores. Esta doble personalidad, delirante como era, extendía el alcance de su imperio más allá de sus menguadas fuerzas militares.

La realidad concreta de la Santa Sede era visible como conjunto de aparatos espectaculares ordenados a través de un rígido protocolo ceremonial y sacramental. La memoria emocional mantiene la tensión del rito para el oficiante que cree plenamente en sus efectos ligándolo a cada gesto y a cada palabra, e infundiéndole la unidad de un ensueño revelador del misterio sagrado..

Ninguna otra Corte renacentista, cualesquiera fuese su esplendor, refinamiento y poder, tenía este inmenso espacio sacramental creador de fórmulas y conjuros que despertaban en los creyentes grandes emociones, temor y reverencia y los colmaba en la misma atmósfera irreal de los actos y movimientos rituales. La Iglesia en su plenitud, puso a disposición de sus Pontífices el arte y la decoración de espléndidas basílicas barrocas dentro de las cuales desplegaba un escenario multidimensional de incienso y mirra aromas reunidos en la asimetría de sonidos y formas, llenos de voces corales y vestimentas con piedras y sedas que reflejaban todas las luces, coreografía sin par de tronos y potestades , de cardenales y acólitos, príncipes que se revestían de púrpura y oro nada menos que delante del altar donde adoraban a su Dios.

Todo, en una continuidad experta de años de ensayos y repeticiones en espectáculos simultáneos de luz, perfumes y cantos magníficos en su brillantez, creadores de un ambiente mágico-religioso inductor del propio delirio individual por la música, el movimiento, la línea y el color.

Esa brillante actividad del Papado que conmovía tanto a los espectadores como a los Pontífices mismos, recogía en su propia majestad los sentidos y la imaginación de los circunstantes preservada como estaba por los dogmas y la historia misma de su fe, actuaba dentro de las reglas del juego del poder renacentista, exaltado Ad majorem Dei gloriam.

Es de tener en cuenta, que las confabulaciones de la época, cuyo resultado era el desorden dramático del crimen, llevaban tras de sí un orden muy elaborado en cuya preparación ningún detalle se descuidaba. Sólo así se podía llevar a cabo el objetivo para llegar a la perfección técnica que hacía posible comentarlo con admiración, como acontecimiento artístico.

Estas secuencias complejas del catolicismo romano, desparramadas entre esplendores; fueron delirios y demencias que estallaron en luces y colores, en estofas de seda, en el mármol estremecido por la Piedad, en la música coral de los madrigales y en la frescura húmeda de Vírgenes entre las rocas.

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Alejandro Borgia. 1492-1503

El Vicecanciller, Cardenal Borgia, no estaba dispuesto a perder la tiara papal en el Cónclave de 1492. Se vieron pasar las mulas cargadas de oro que envió a su colega Ascanio Sforza, para asegurarse su apoyo en el Cónclave. No tenía límites su vocación pontificia. Su delirio era múltiple y cubría todos los pecados capitales. Hombre de energías tremendas, sabía ser persuasivo y hasta suave. Se decía de él que podía hacer agradablemente las cosas desagradables.

Existe una opinión simplificada sobre la incompatibilidad del delirio y aún de la psicopatía aguda con un discurso racional que lo formule y lo ejecute. Lejos de ello, los grandes delirios históricos han sido elaborados por inteligencias poderosas, personalidades sensibles y refinadas, a las cuales ni las compulsiones propias de actos extremos ni prescindibles reparos morales alteraban la racionalidad.

Quizás, el delirio de Alejandro VI, cómplice de la demencia, fue su apoyo ilimitado a su hijo César , ex-cardenal que renunció a su ‘capello’, y fue más tarde Duque de Valentinois cuya obsesión por el poder, perteneció netamente a la patología criminal.

El Embajador Veneciano declaró: “ Todas las noches, cuatro o cinco hombres asesinados son descubiertos; obispos, prelados y otros, de tal manera que toda Roma tiembla por miedo de ser asesinada por ell Duque”. Uno de ellos, fue su propio medio hermano Juan Duque de Gandía el hijo favorito de Alejandro, que apareció muerto una mañana en el Tíber como todos los otros. Alejandro tenía con César una perversa identificación que le llevaba a aceptarle cualquier exceso.

En lo que se refiere a la simonía, este Papa no tenía nada que aprender. Ni siquiera que inventar. Durante su Vice-Cancillería en el reinado de Inocencio, había practicado todas las formas de ese arte, ingresando a su patrimonio tierras y fondos ajenos y asegurando otro tanto o más para César. Elevó el número de Cardenales y cobró grandes sumas por cada nombramiento.

Su vida sexual era compatible con tan enorme codicia. Tuvo siete u ocho hijos con diferentes madres, el último de los cuales fue también indistintamente atribuído a César y a su hermana Lucrecia, hermosa mujer en verdad, que contribuyó con lo suyo a dar nombradía a su apellido. Los lazos afectivos del padre y los dos hijos no excluían forzosamente el incesto como práctica gratificante.

Alejandro VI, que era de origen español, tuvo estrecha vinculación en su momento, con los Reyes Católicos a la unión de cuyos reinos había contribuído con sus consejos y buenos oficios. Otras eran sus relaciones con Francia, aspirante ésta al Reino de Nápoles y al Ducado de Milán, tenía como Rey a un insignificante personaje de la Casa de Valois, Charles VIII, fuertemente animado por el Cardenal Della Rovere, que pretendía inducirle a una invasión para que un Concilio depusiese al Papa su rival vencedor y él mismo pudiera acceder a la Silla Pontificia. Para ello urdió un esquema ingenioso en extremo convenciendo al Rey de que si fuera Papa le coronaría Emperador de Occidente reviviendo así la época gloriosa de Charlemagne. Entonces predicaría una nueva Cruzada y ambos, Emperador y Papa echarían a los moros de Europa, liberarían a Constantinopla y terminarían el cisma oriental con la Iglesia Ortodoxa. Esta urdimbre onírica parecía impecable.

La invasión se llevó a cabo y las tropas francesas ocuparon al Reino de Nápoles, pero el Rey no alcanzó al "furore" del Cardenal que lo impulsaba y nada hizo para convocar Concilio alguno. Alejandro quedó en su cargo y libertad.

Burchard, Maestro de Ceremonias de la Corte Papal, escribió un informe diario de excepcional fidelidad sobre la “continua violencia, asesinatos en iglesias, cuerpos en el Tíber, lucha de facciones, incendios y saqueos, arrestos, torturas y ejecuciones combinados con escándalos, frivolidades y continuas ceremonias - recepción de embajadores, príncipes y soberanos, atención obsesiva a vestimentas y joyas, protocolo de procesiones, entretenimientos y carreras de caballos, con cardenales ganando premios-, todo con un registro contable minucioso de los costos y finanzas.” Cuadro real concreto de la patología papal.

Este balance, con todo, es incompleto. Alejandro fue también protector de los judíos perseguidos por la Inquisición y en su reinado había libertad de expresión. Murió en 1503. Privado del sustento de su padre,César poco tiempo después.

Julius II. 1503-1513

Cardenal Giuliano Della Rovere

El Cónclave para elegir al sucesor de Alejandro VI, fue tumultuoso. Se inició en el Castello ’Sant Angelo’ y sólo pudo continuar en el Vaticano bajo la protección de tropas mercenarias. El Cardenal Della Rovere, estaba firmemente decidido a ser Papa. Tuvo un rival a su altura: el Cardenal d’Amboise un francés, al que Alejandro muy a su pesar había otorgado el capello. Hubieron además catorce cardenales españoles, cuyos votos fueron anulados por la presión violenta en torno al nombre de Borgia que había sido del mismo origen. Los cardenales italianos, mayoría en el Colegio estaban divididos, D’Amboise fue neutralizado, porque Della Rovere le imputaba querer llevar al Papado a Francia.

De todo este estrepitoso delirio salió al final consagrado Pontífice un hombre, que si bien tenía las cualidades teóricas para cambiar el rumbo del Pontificado no podía durar mucho en el cargo. Su familia era ilustre, su título y nombre impecables: Cardenal de Siena Francesco Piccolomini, sobrino de Pío II con quien había trabajado, pero “cuya edad y mala salud indicaba una corta tenencia” .

Cultivado y estudioso, tenía virtudes sin par. Recibido con tremenda alegría popular y “ con altísimas esperanzas para la reforma de la Iglesia y la vuelta de la paz” dijo el Obispo de Arezzo. Su reinado como Pío III, duró veintiseis días.

Giuliano della Rovere usando “promesas inmoderadas sin límites” y por supuesto sobornos, cuando éstos eran convenientes, obtuvo al fin su tan codiciado acceso a la Silla de San Pedro. Eligió para sí mismo el nombre de Julius II.

Macchiavelli considera que encontró a la Iglesia “con más poder que nunca sobre todo a la parte más rica de Italia, la Romagna, que restituyó las propiedades papales. En cuanto “a los barones de Roma, todos arruinados”. Eran los Colonna y los Orsini, que al no tener Cardenales en el Vaticano de su nombre o relación, habían disminuído sus discordias. La ambición de Julius lo llevó a dominar Bologna, sofocar a los Venecianos y echar a los franceses de Italia. Encabezaba sus tropas vestido con armadura yelmo y espada, con su ardor guerrero y su vestimenta de campaña no alcanzó a escandalizar a los cronistas de sus aventuras. Eran todos partícipes en sus ensueños, vivieron con él sus triunfos sin tener mayormente en cuenta la contradicción visible entre el yelmo y la Cruz

Burckhardt también elogia a Julius II, lo considera “el salvador del Papado”. Personalidad desbordante y autoritaria con una enorme energía. El nivel demencial y las costumbres que asumió en el delirio renacentista le hace decir también a este mismo autor, con mucha naturalidad que Julius : “ Sin consideraciones de ninguna clase, heredaba a los cardenales y clérigos que morían en Roma, mas ninguno fue muerto o envenenado por orden suya”.

El gran artista que pudo colmar las ansias de Jullius II de renovación de la grandeza de la Iglesia y a la vez usar sus propios inmensos delirios para exaltar la Belleza de todos los tiempos, fue Michelangelo. El Moisés que está en el mausoleo del Pontífice es una escultura viva, llena de las virtudes y fortaleza atribuídas a su modelo. Otro tanto el admirable David. Sus frescos de la Capilla Sixtina, fueron un prodigio de libertad y profundidad. La Pietá esencia purísima de lo mejor del hombre.

Las estancias de Rafael, el diseño de la portentosa cúpula que imaginó Bramante, y muchas otras obras, son delirios supremos de la armonía y de la habilidad humana, vibraciones cristalizadas, fantasías moldeadas en mármoles, en bóvedas de iglesias, en columnas. Imágenes apresadas por el color y por la línea que dan vida sensible a los ensueños. Es el delirio mismo, en todas sus gamas de la materia hasta el espíritu.

Jullius II fue un gran Papa, es cierto. Tal vez pueda decirse incluso, que pudo haber retardado la Reforma. Que por vías distintas a las de la oración y el sacrificio hizo el Bien así con mayúscula, a través de su celo de artífice, de gran hacedor de ciudades y grandes monumentos, a la par de otros insignes constructores, desde las ciudades más primitivas hasta los prodigios de Atenas, de Roma antigua, de Persépolis, de Fatepur-Sikri, de Isfahan, de Versailles o San Petersburgo. Usó también de poderes irrestrictos, signo inequívoco y potencia del delirio en obra y ejercicio. Con yelmo y espada - vestimenta pontifical hiperrealista - combatió también a los enemigos de la Iglesia.

Leon X,1513-1521

Cardenal Giovanni di Medicis

“Godiamoci il Papato, poichè Dio l’ha dato”. “Gocemos el Papado, porque Dios nos lo ha dado” dijo Giovanni di Medici, recién llegado a la silla pontifical como León X. Hijo menor de Lorenzo el Magnífico, cardenal a los catorce años, Giovanni, fue educado por Angelo Poliziano, un canónigo de la Catedral que escribía versos latinos tan perfectos que se le parangonaba con Virgilio, Horacio y Ovidio. Preclaro entre los humanistas de su tiempo, grupo que había puesto todo su delirio en el descubrimiento y estilo del espíritu clásico antiguo, porque en él encontraba la elevación del hombre en cuanto a tal, desprendido de su única atribución medieval de criatura hecha por Dios, poseedor de gracias infinitas, cultor de las artes y del lenguaje, revelador de enigmas y misterios, inventor de símbolos, altivo en la guerra, poeta en la paz.

“León no conocía alegría más grande...que recibir una carta de Erasmo escrita en griego” cuenta Van Paasen, agregando, que según uno de sus cardenales “Hubiera hecho un Papa perfecto de haber creído en Dios.’ Crecido en la corte más brillante de los Medicis, única como apogeo humanístico linguista perfecto y gran ‘connaisseur’ de arte, León, por su estilo, marcó el cenit de su tiempo. dio un especial impulso al idioma italiano cuyo acento más musical que el latín, podía emitir el más sutil argumento filosófico y la más enérgica invectiva. Hablo el italiano con las mujeres y el francés con los diplomáticos..., decía Carlos V.

León X tuvo que afrontar situaciones muy difíciles. Una de ellas fue la reconquista del Ducado de Milán por parte de los franceses. Otra fue una conspiración dirigida por el joven Cardenal Alfonso Petrucci de Siena. Sospechas y denuncias, llevaron a prisión al prelado y a su posterior condena a muerte. Un detalle muy renacentista: en su ejecución por estrangulamiento se utilizó como verdugo a un moro porque el protocolo no permitía que un Príncipe de la Iglesia fuera muerto por un cristiano, el instrumento usado fue un cordón rojo de la seda más fina.

A León X, el celo pastoral le era ajeno como a muchos de sus antepasados apostólicos y otros posteriores. Las raíces de su casa paterna no habían sido urdidas para la mayor Gloria de Dios, no obstante hubo de enfrentar la crisis cismática más grave en los últimos cinco siglos de la historia de la Iglesia. Lo hizo como pudo. La cantidad combustible en el bosque del catolicismo romano expandió la herejía con una velocidad incontenible y la división ya no se pudo eludir. Es difícil imaginar una figura que hubiera podido apagar o moderar tal incendio. Cuando las llamas son aventadas por huracanes sus fuerzas están más allá de los hombres que las combaten.

Tumultos y remolinos inesperados, brotes que surgían en lugares que se creían a salvo, alas enteras de apoyo que de pronto se desmoronaron, todo animó la catástrofe, el comando de los hechos se trasladó a un escenario autónomo imbatible. La figura de León no podía ser más antagónica a la de Lutero. La suya era la de un delirante cultísimo y urbano, frente a la de un delirante borrascoso y mal educado, cuyos conocimientos eran sólo teológicos, poseído por su verdad religiosa. No se trataba de un celo contrapuesto por otro con signo contrario. Eran dos dimensiones incomparables que veían mundos diferentes, que casi partían de especies distintas. Lo que se discutía no eran dos verdades, eran dos maneras antitéticas de ver su relación con un mismo Dios . En tal clase de diferendo no había entendimiento posible porque ambos sostenían absolutos. Y el absoluto en plural, es en sí mismo, una ‘reductio ad absurdum’, que se autoconsume.

Para el Papa, no para Lutero, se planteaba una crisis de poder. La nueva doctrina desprendía al fervor religioso del dominio eclesiástico, estableciendo una comunicación directa, que excluía la tiranía clerical y soslayaba los curas populares que eran ignorantes pero administraban la doctrina cotidiana.

La vida fastuosa de León de Medici, estaba dentro del estilo de los tiempos y del esplendor en el que había sido educado. Lógicamente, al final de su reinado las arcas estaban exhaustas. La Iglesia había sido muy empobrecida por la Reforma, que le había quitado muchos apoyos. La bifurcación abierta por Lutero, fue tumultuosa y a menudo caótica. Los delirios guerreros del Renacimiento se profundizaron con la lucha religiosa. Se intensificó la quiebra de la unidad ficticia del Sacro Imperio Romano Germánico, majestuosa y estéril, concepción onírica.

Rafael, el admirable pintor de las estancias privadas del Papa, pintó un retrato espléndido de León X, con su mano derecha sobre un grueso libro y su mano izquierda sosteniendo apenas una lupa, y otro magnífico de Julio II, arrodillado en oración con el Cardenal Raffaele Riario en un plano inferior, desconcertado al verle en tan piadosa actitud.

Una vez Michelangelo mostró a Julius II el modelo en barro de una estatua tres veces el tamaño natural del Pontífice y le preguntó si debía poner un libro en su mano izquierda, el Papa le contestó, "Ponga ahí una espada, yo no sé nada de letras” .

Clemente VII. 1523-1534

Giulio de Medici

Giulio de Medici, era hijo bastardo de Giuliano, asesinado en la conspiración de los Pazzi y primo de León X . Este Papa expidió un documento especial que certificaba el matrimonio inexistente de sus padres sin el cual no hubiera podido asignarle un capello cardenalicio. Durante este reinado, el Cardenal se ocupó de muchos asuntos internos y manejó con eficiencia negocios papales. Era pues natural que heredara la tiara. Lo hizo con el nombre de Clemente VII.

No tuvo el lustre ni la ilustración de León X, ni tampoco la vocación bélica de Julius II. Infortunadamente para él le tocó decidir el pedido de anulación del matrimonio de Enrique VIII de Inglaterra con Catalina de Aragón tía del Emperador Carlos V. El Rey quería casarse con Ana Boleyn. La negativa papal ocasionó la ruptura del Rey con Roma. La consecuencia la pérdida de Inglaterra para el Vaticano y la institución del anglicanismo en el Reino, fue otro cisma que se agregaba a la del Protestantismo. Los extraños vasos que comunicaron los amores de un Rey delirante con el nacimiento de una nueva religión, fueron otro ejemplo de la conducta no-linear e imprevisible de la historia.

En esos tiempos, -1525- la guerra entre Carlos V y Francisco I, recrudeció una vez más. Carlos V venció en Pavía y Francisco fue su prisionero. El trato magnánimo del Emperador y el acuerdo que siguió a esta batalla no amenguó la disposición bélica del Rey francés. En esta larga rivalidad la política de Clemente VII fue excepcionalmente torpe. Procurando proteger los bienes de su familia y a pesar de su pacto con el Emperador hizo un acuerdo secreto con Francisco. Esta actitud irritó sobremanera a Carlos.

En 1527, toda Italia estaba asolada por las múltiples violencias, internas y exteriores. Carlos V, aunque decidido a frustrar todo intento francés de volver a Italia, tenía sus tropas de mercenarios lansdkenetes alemanes y suizos, atrasadas en la paga como era su costumbre. Ocurrió que los franceses no estaban en condiciones de batalla y las tropas del Emperador a las órdenes del Condestable de Borbón marcharon a Roma. “El ejército marcha bajo el pabellón imperial, pero dominado por la impetuosidad de su propio impulso”, escribió Ranke.

Su propio impulso era la codicia y el resultado fue un indescriptible saqueo cuyas características extremas lo hicieron ejemplar en el horror y la devastación. No eran fuerzas humanas comunes las que se apoderaron de toda clase de bienes y personas. Era los Homines Dementes, ocupando la ciudad en conjuntos huracanados y bestiales. Nunca había tenido Roma choque semejante ni siquiera cuando la invadieron los bárbaros en el siglo V.

Clemente, se refugió a duras penas en el Castillo Sant’ Angelo único fuerte de Roma al que escapó por un paso secreto que había construído Alejandro VI. Quedó así de hecho, prisionero del Emperador. La brutalidad del ataque había sido tal que la voz del pueblo lo atribuyó a la ira de Dios castigando toda la ignominia del Papado con Clemente a la cabeza.

No obstante este largo y atroz episodio urgido por sus propios intereses de familia, el Papa se sirvió de estas mismas tropas que habían destruído su Sede para reconquistar Florencia que había repudiado a la casa Medicis. Florencia cayó después de un sitio prolongado y Clemente pudo someter una vez más su ciudad natal al poder de su casa.

El aspecto altivo del Pontífice en un soberbio retrato de Sebastiano del Piombo, oculta su grave complejo no curado por la púrpura ni por el armiño, la bastardía de su nacimiento, mendazmente disfrazada por su pariente León X. Clemente era bastardo no por su filiación sino que por su propio ser. Fue semi-demencial, soñando un poder que era incapaz de asumir, y menos de mantener. Nada hubo en su materia del espíritu que dio a los Medici su gloria onírica.

Conjunción de delirios

El caso de Fray Girolamo Savonarola. 1494-1498

En la época de Lorenzo el Magnífico, Florencia había llegado al más alto nivel cultural del Renacimiento, con todo lo que ello significaba en lujo, refinamiento intelectual y cortesía de modales, signos de distinción material y espiritual que estaban concentrados en la clase más alta de la ciudad, aquella que disponiendo del poder se había preocupado por la educación humanista y tenía el tiempo y la disposición de gozar del “otium, cum dignitate” ciceroniano.

Pero no era a este nivel social sino al más bajo de la ciudad, al que dedicaba su atención un fraile dominicano nacido en Ferrara y llamado Girolamo Savonarola. Había tenido la misma educación superior, hablaba un latín tan puro como su contemporáneo el famoso Erasmo de Rotterdam y merecería más adelante la compañía y admiración de personajes de cultura tan refinada como Juan Pico de la Mirándola.

Cuando Girolamo estudiaba en Ferrara, “Florencia estaba en guerra con Pisa, Génova con Milán, Bologna con Mantua mientras Ferrara misma era severamente dañada por una fuerza expedicionaria veneciana”. Dos guerras civiles en Ferrara llegaron a tales excesos de salvajismo y crueldad que se comparaban con las épocas de Nerón y Calígula. Girolamo se refería a ellas como “la sangrienta saturnalia”.

Fray Savonarola que había alcanzado gran prestigio como predicador fue elegido Prior del monasterio de San Marco sostenido por los Medici decidiendo renunciar a ese beneficio y ajustar el orden interno a las reglas dominicanas más estrictas. Por otra parte, organizó al margen de cursos de teología y moral otros de lenguas, como el griego, el hebreo,el caldeo, el asirio y el arameo.

El Prior era un hombre muy singular. Una de sus características era visionaria. Había predicho tres muertes, una de las cuales era la de Lorenzo de Medici mismo y habían ocurrido tal cual. Esta particularidad se agregaba a sus demás cualidades señalándole como un ser excepcional. En un mismo año, se produjo una invasión de los franceses que a la muerte de Ferrante, Rey de Nápoles -otro de los señalados por Fray Gerónimo- pretendían la sucesión del reino.

Piero de Medici, indigno hijo de Lorenzo había heredado el poder en Florencia. Ante la llegada de las fuerzas francesas prácticamente había abandonado la ciudad a su suerte. La actitud de Fray Geronimo fue la de intentar disuadir al rey francés del pillaje de la ciudad. Su estatura religiosa y la fuerza de sus palabras lograron su propósito y el 28 de noviembre de 1494 Charles VIII finalmente dejó la ciudad y se retiró con sus tropas.

Todos estos acontecimientos dieron a Fray Geronimo un prestigio político que ciertamente no deseaba. No obstante aceptó sin título alguno conducir la ciudad a un nuevo orden constitucional que fue muy alabado por Macchiavelli.

El celo religioso de Savonarola en la perspectiva de este ensayo era un delirio desbordado. Había conseguido un aquietamiento del ritmo profano en una ciudad que seguía sus sermones con una unción conmovida por sus palabras. Habían grupos opositores poderosos, como el de los ‘Compagnacci’ , cínicos practicantes de las peores costumbres, inspirados en la antigüedad griega y latina en los que Savonarola veía el regreso del paganismo más crudo y la más completa corrupción de hábitos sexuales.

En su persecución, Savonarola no tenía límites, y pedía para ellos el garrote y la muerte. Los blasfemos deberían tener su lengua atravesada por espinas. Los incestuosos y los jugadores debían ser ejecutados. El celo, había seguido el curso normal de autoalimentación apasionada. El fanatismo más encendido le guiaba e inspiraba sus anatemas, el delirans, colindaba con el demens y su lenguaje había subido el tono. La energía interior exaltada y la austeridad más extrema se marcaban en su aspecto y su debilitamiento físico.

En esos extraños días de Florencia, el ambiente había cambiado curiosamente. Una forma nueva de convivencia ciudadana seguía a diferentes iniciativas espontáneas que organizaron milicias juveniles, entusiastas, tal como las que la historia ha registrado en tiempos y espacios distintos, en los que surgen vínculos novedosos en formas de solidaridad -latentes acaso en muchos seres, pero lamentablemente precarios-, generando una forma de cohabitación significativa. No se trataba de disfraces ni de hipocresías. Eran estados contagiosos espontáneos.

En el curso de la primavera de 1495, el aspecto de la ciudad, estaba completamente cambiado - cuenta Pierre Van Paasen, uno de los biógrafos de Savonarola- Historiadores nacionales y extranjeros, embajadores, prelados Romanos, miembros y oficiales de órdenes religiosas que visitaron Florencia, no reconocían el lugar. Florencia se había convertido en una ciudad de amor fraternal, de paz y concordia.”

Fray Savonarola había logrado un tono uniforme de conciencia que puede experimentarse como reacción de la fatiga a tiempos turbulentos de ira y brutalidad. Manera emocional de coincidencia afectiva, podía mantenerse algún tiempo mientras acontecimientos conmovedores se sucedían unos a los otros. Los franceses repitieron su invasión y esta vez una llamada Liga Santa que se había organizado para enfrentar amenazas de esta clase los derrotó en la batalla de Asti.

En 1496 cayeron lluvias terribles y el Arno desbordó inundando la ciudad. Se desató una plaga de peste bubónica que provocó miles de muertos a tal punto que al atardecer de cada día se recogían los cadáveres. La Liga mandó un ultimatum a Florencia. La pestilencia y el hambre causaban incontables víctimas. Como si esta situación no fuera suficiente, tropas del Emperador Maximiliano del Sacro Imperio se dirigían a la ciudad. Savonarola organizó una inmensa procesión, encabezada por el Tabernáculo que contenía la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Impruneta. Cuando ésta estaba cerca de la Catedral llegaron buenas nuevas. Las fuerzas atacantes volvían a sus bases, los barcos de Francia, atracaron en Livorno y se aprestaban a descargar granos, hombres y armas. Ese fue un día triunfal para el fraile.

Savonarola obedeció una orden de no predicar con la que se le procuraba neutralizar pero siguió dictando el texto a otro fraile, Domenico Buonvicini. Desde el púlpito Fray Doménico conjuró a los florentinos a dar una prueba definitiva de su cristianidad. Les pidió que sacaran de sus casas todo lo que ofendiera a Dios es decir todas las muestras de frivolidad y desvío.

En la Piazza de la Catedral, se levantó una gigantesca pirámide de dos metros de alto y ocho metros de circunsferencia, a la que se llamó la ‘pirámide de las vanidades’. A ella, la gente de la ciudad, llevó pinturas, esculturas, adornos de todas clases, joyas, máscaras, pelucas, disfraces, colonias y perfumes, polvos y talcos, mazos de cartas e instrumentos musicales. Además libros ilustrados de Boccaccio y Petrarca, amuletos y pendientes.

Todo esto estaba destinado a ser consumido en llamas. El martes 7 de febrero de 1497, las puertas de la Catedral se abrieron muy temprano y Fray Geronimo celebró la misa en presencia de miles de personas. Una procesión se dirigió hacia la pirámide, y todos los presentes se ubicaron a su derredor. Después de una señal convenida, los guardas con antorchas avanzaron hacia ella para encenderla, las trompetas sonaron, y las campanas de la Torre de la Signoria se echaron al vuelo. Las llamas estallaron al cielo y se oyeron pequeñas explosiones simultáneas de pólvora, que se había esparcido sobre los objetos acumulados. Un enorme grito colectivo saludó el comienzo de la gran fogata purificadora y de un día de gozoso sacrificio. Ese climax del delirio colectivo fue también el punto de inflexión de la suerte del Prior Savonarola.

Cuando poco después de terminada esta ceremonia, Fray Geronimo propuso abolir las carreras de caballos y toda clase de apuestas, se colmó la paciencia de sus enemigos. Lo denunciaron como una amenaza al orden social. No obstante, el Prior siguió en sus prédicas y sus agravios contra los que consideraba que eran los verdaderos destructores del orden de Dios, clamando: “Oh tú, Iglesia prostituída, que has desplegado tu vil desnudez al mundo entero”.

En esos días, el cadáver del Duque de Gandía, el hijo más querido del Pontífice fue encontrado en el Tíber. El autor sindicado por todos los indicios y opiniones fue su medio hermano César Borgia. Savonarola escribió al Papa una carta de condolencia. Este, que al recibirla se había sentido conmovido por su texto, al leer con cuidado su alusión a los ‘pecados’ lo llevó a declararla “una pieza de despreciable insolencia”. Las demás comunidades de Florencia, Agustinos, Franciscanos y Benedictinos, rehusaron celebrar la procesión de San Juan el Bautista si los monjes de San Marco concurrían. El principio del fin se marcó para el Prior.

Savonarola describió al Papa como un hombre “ que había hecho desgraciada su posición como cabeza de la Iglesia por la desvergonzada inmoralidad en su vida” e invocó la necesidad de un Concilio desafiando frontalmente a la Santa Sede. En una carta dirigida “a los Príncipes”, testificó“Dios es mi testigo, que “este Alejandro, no es Papa y no puede ser tenido por tal...” Esta carta la distribuyó a todos los soberanos y a todos sus amigos, pidiendo le ayudaran a echar al Supremo Pontífice de la Iglesia Universal, y la envió como misiva personal a Carlos VIII de Francia. Este ejemplar fue interceptado, no llegó al rey sino al mismo Alejandro VI.

En Abril 7 de 1458, Savonarola era aún la figura dominante del estado florentino. Veinticuatro horas después vencido por sus enemigos, en trance de ser juzgado por un tribunal especial, yacía en espera de la tortura que le obligaría a confesar que sus afirmaciones eran falsas. El día 10, comenzaron oficialmente los tormentos.

El 23 de Mayo de 1458, Gerónimo Savonarola y sus compañeros fueron colgados y después quemados.

Este texto se ha detenido en una extensa narración porque ella ilustra diferentes delirios simultáneos, el del protagonista, el del Papa reinante, el del Vaticano, y el de toda una ciudad que acompañó estos casos individuales, con un inmenso estremecimiento social. Delirios ocurridos dentro del ecosistema de la civilización del Renacimiento en el siglo XV es un inventario de variedades delirantes y dementes intemporales que derivan del funcionamiento del cerebro humano tal como resultó de la evolución.

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Los hombres del Renacimiento

Lorenzo el Magnífico. 1469-1492

Sobre la ecología política y social de fondo, dice Machiavelli en sus Historias Florentinas : “...en Florencia fueron en primer lugar los nobles, que se dividieron entre ellos; después los nobles y el pueblo; y en último lugar, el pueblo y el populacho. Pasó incluso muchas veces que el partido vencedor se dividió en dos nuevos partidos. De estas divisiones nacieron tantos asesinatos, exilios, extinciones de familias como no se ha visto jamás nacer en ninguna de las ciudades de que la historia guarda el recuerdo.”

Esta manera explosiva de civilización abunda en episodios demenciales Machiavelli, saca dos consecuencias correlativas narcisísticas: a) que la virtud de los ciudadanos ha sido tan grande como para superar tales disensiones y hacer de Florencia lo que fue, y b) que si hubiera mantenido la concordia, no habría habido república alguna, antigua o moderna, que le hubiera podido superar.

En la descripción más completa de la ecología cultural florentina, existieron relaciones entre muchos más elementos que los que se habían recibido de las edades anteriores. Se produjo en la segunda mitad del siglo una floración inédita de coincidencias, que dio al Renacimiento italiano una fisonomía indeleble en la historia. A ella hay que agregar una inmensa, exógena, la invención de la imprenta, que multiplicó la comunicación y dio al latin para toda Europa, su carácter internacional de ‘lingua franca’.

La recuperación de la figura humana como tal significó liberarse de muchas cargas medievales, provenientes casi todas ellas de la religión. Sin perder su fuerza, esta última no impidió mezclar sus alegorías a metáforas recobradas del rico panteón del paganismo grecolatino. Fue entonces cuando los artistas comenzaron a trabajar con una mitología libre, casi sincrética, en la que figuras antiguas alternaban con formas que representaban ángeles o diablos propios de la imaginería cristiana.

Esta libertad, unía por una parte el patronazgo de los príncipes a los artistas, y por la otra al ingenio de éstos en la invención de artificios - haciendo posible, como lo cuenta Burckhardt, espectáculos en que “los actores, suspendidos en el aire por procedimientos mecánicos, subían y bajaban en el espacio. .U otra, de Leonardo da Vinci, que dirigía las fiestas del Duque de Milán, que “representaba en tamaño colosal el mundo estelar en pleno movimiento..”

Hubieron también autómatas, muñecos animados por fuerzas ocultas u hombres y mujeres paralizados como estatuas.Y por supuesto máscaras admirablemente ataviadas. Los más grandes artistas de esa época sin par cuyas obras figuran en los grandes museos del mundo usaron su genio plástico, su técnica pictórica y su conocimiento de ropas y afeites, para procesiones, misterios, triunfos y festivales de todo género.

Estas efemérides formaban parte de magníficos delirios colectivos, en los que la irrealidad de las imágenes y sus movimientos, respondían a libretos argumentales con personajes conocidos. Ello hacía que sus andanzas pudieran ser seguidas por el pueblo y apreciadas en sus atributos y propiedades. Tales personajes ficticios, formaban parte de la ecología cultural de las ciudades italianas, enriquecidas por la incorporación de figuras de otras mitologías.

Al igual que los Papas, los Medici laicos, fueron grandes constructores. Sus palacios y casas de campo, fueron ideados como viviendas y como muestras de su poder. Lorenzo pudo gozar de una juventud dorada, poeta, escribía versos

Chi voi esser lieto sia
Che di doman non ce certezza

Su educación había sido muy cuidada. Ya en 1454, se le había asignado un preceptor -Gentile Becchi-, de gran ilustración. Se le enseñaba todo lo que era conveniente a quien sería sucesor de su padre. De él aprendió, Lorenzo, su excelente dominio de la lengua latina leyendo a los clásicos. Otra parte de su educación le fue dada en misiones al exterior, a Milán, a Roma, al Vaticano, del que la casa Medici era la banca y de cuya concesión de yacimientos de alumbre, la distribuidora.

En 1467, se concertó su matrimonio con Clarissa Orsini, de la más alta aristocracia romana. La boda se efectuó en 1469. Poco antes, al cumplir Lorenzo veinte años, se había celebrado un torneo, reminiscente de las justas medievales, en el cual el joven heredero había triunfado. Poco después, en medio de gran pompa y ceremonia, se llevaron a cabo las nupcias, festejadas por la ciudad entera

El 4 de diciembre, Lorenzo y su hermano Giuliano, recibieron en su palacio a la Señoría, el comité de dirección del Gobierno, que le ofreció suceder a su padre, muerto un día antes. El comentario que aparece en las memorias de Lorenzo confiesa: “Acepté sin entusiasmo. El cargo me parecía no convenir a mi edad, y ser pesado y peligroso”. En verdad, así era. La situación de alianzas y desuniones, era muy fluída e incierta. En cuanto al panorama económico y financiero, éste no era más promisor. La casa se había expandido enormemente en el exterior y no en todas partes quienes estaban a cargo de las filiales eran honestos, fieles y competentes. Las transacciones comerciales, también se encontraban con dificultades por motivos diversos.

No obstante, en 1471, la llegada a Florencia de Galeazzo María Sforza, Duque de Milán había dado lugar a fiestas brillantísimas. Pero Sixto IV había accedido a la Silla Apostólica, el 25 de agosto, y de allí se sucederían graves inconvenientes para los Medici.

En 1475, festejando los veintiún años de su hermano Giuliano, Lorenzo le ofreció un torneo similar al de años antes. Allí, el centro femenino, fue una mujer de infinita gracia, Simonetta Cattaneo, la figura más festejada en toda la ciudad y muy amiga y compañera de los dos hermanos. El acontecimiento tuvo un esplendor inigualable.

El escollo más trágico para los Medici apareció, en 1478, en lo que pasó a la historia como el complot de los Pazzi. Fue un crimen notable que tenía por objeto asesinar a ambos hermanos. La víctima fue sólo Giuliano de Medici;la narración la hizo Macchiavelli, en el Libro VIII de sus “Historias Florentinas”.

Es útil reflexionar sobre la complejidad humana a través de este crimen. La irrealidad de la idea criminal, llevada a cabo durante el transcurso de la misa revela su tensión dramática en esa coincidencia de sangre y oración. El resultado de esta típica aventura demencial fue el fortalecimiento de Lorenzo y la continuación de su espléndido, aunque inquieto reinado.

El fracaso del intento y la represión consiguiente llevaron al Papa a excomulgar a la ciudad entera por su apoyo a Lorenzo, lanzando además un anatema, forma de maldición general. Cuando al fin llegó la paz levantó su excomunión y el anatema, y bendijo a la ciudad, no sin recapitular todos los agravios “con tanta soberbia como cólera”.

Lorenzo murió en 1492. Quedó en la historia con su singular calificativo: “el Magnífico” fue así llamado “por sus habilidades extraordinarias, su gran liberalidad, el pródigo gasto de su riqueza para el beneficio público, y el esplendor general de su vida, del cual Florencia participó.” Tal fue el juicio de sus contemporáneos.

El delirio genial : Leonardo

Elegir a Leonardo como el arquetipo del arte y la técnica del Renacimiento italiano, significa detenerse simbólicamente en un nombre que representa la exaltación del ‘uomo universale ‘, figura que califica a una forma del delirio creativo, muy particularmente renacentista. Se trata de la reunión en un mismo individuo de la capacidad de excelencia en campos diferentes.

El espacio en el que Leonardo llevó a cabo la multidimensión de lo que él llamaba su ‘discurso mental ‘ cubre la pintura, la escultura y la arquitectura, la ingeniería civil y militar, la música, la literatura y la hidrodinámica, para citar las principales. Su personalidad ocupa el lugar más alto del genio reconocido por la historia del hombre.

Dotado de cualidades sobrehumanas de observación e intuición geométrica, sus representaciones de la naturaleza en movimiento ya fuera de pájaros en vuelo o de aguas turbulentas, preceden diseños y diagramas de siglos muy posteriores.

Su pintura : Mona Lisa, la Virgen de las Rocas, el tan admirable Carton de Sta Ana, así como la Ultima Cena y las demás que le son atribuídas son de tal modo conocidas, que es suficiente mencionarlas..

Pero sí hay muchas cosas para decir sobre el Leonardo ‘desconocido’. En el punto 6 de la carta de auto-recomendación que le envió al Duque de Milán, Ludovico Sforza, ofreciéndole sus servicios de ingeniería militar le dice: “ Yo haré carros cubiertos, seguros e inatacables, que entrando en medio del enemigo con su artillería, no habría cuerpo tan grande de hombres que no pudieran perforar. Y detrás de ellos, la infantería podría seguirlos, ilesos y sin dificultad.”

Además de estos tanques avant-la -lettre, también hace saber al Duque que tiene una suerte “de puentes extremadamente livianos y fuertes, adaptados para ser fácilmente transportables, y con los cuales Vd. puede perseguir y en cualquier momento huir del enemigo” .

Leonardo daba a la música un valor singular, la llamaba “la figurazione delle cose invisibili ” . Fue un eximio ejecutante de ‘lira’, instrumento de cuerdas de esa época, y cantaba acompañándose con ella. Aparte, la incomparable riqueza de su ingenio lo llevó a estudiar la física del sonido, haciendo investigaciones acústicas. En las colecciones de sus notas, recopiladas en los llamados Códigos, con sus diversos nombres, Arundel, Atlanticus, o Madrid, se encuentran muchas referencias a la música, para dar un ejemplo: sobre tambores y los variados timbres y diseños de estos instrumentos de percusión.

Leonardo dejó también innumerables diagramas de relojes, y todas las combinaciones de sus engranajes. Hay en el Código Madrid, cantidad de dibujos de resortes, algunos en forma de cintas, ajustables con una llave.

Ladislao Reti, coautor y editor de un libro que describe todas estas actividades poco comentadas, dice: “Los intereses de Leonardo eran extraordinariamente diversificados, sus notas y bocetos testimonian un hambre intelectual que incluye todo el conocimiento humano, desde geometría a mecánica, de anatomía a botánica, de geología a astronomía. Los dos manuscritos recientemente salidos a la luz en Madrid... agregan casi 700 páginas de dibujos y notas..”

Para terminar esta brevísima reseña sobre Leonardo da Vinci, se pueden recordar sus estudios sobre el movimiento del agua. La ciudad de Florencia, por la cual pasa el Arno ha necesitado regular sus aguas, especialmente en Verano. Para ello, diseñó canales que podrían pasar bajo las montañas. Sus bocetos que forman también parte del Código Madrid demuestran su ingenio técnico, hasta el punto de describir minuciosamente la manera en la que habrían de llevarse a cabo las excavaciones bajo los pasos de la montaña, cerca de Pistoia. Sus proyectos anticipan los estudios contemporáneos sobre turbulencia y dinámica de fluídos.

Sigmund Freud describió así a Leonardo: “fue como un hombre que se despertó muy temprano en la oscuridad, mientras los demás aún dormían.'

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El ‘condottiero’, a través de la visión de Nicoló Macchiavelli

Nicoló Macchiavelli ocupa un lugar singular como Homo delirans. Historiador sin igual de la vida política del Renacimiento italiano, analista con vocación entomológica por su sentido meticuloso del detalle, espléndido escritor, describió a los hombres de su tiempo, con una crudeza que recuerda la “Lección de Anatomía de Rembrandt. Diplomático febril, cubrió largas distancias en sus viajes a Francia, como legado especial ante Louis XII.

En la dedicatoria de “El Príncipe” a Lorenzo el Magnífico”, le dice: “no he encontrado en todo mi bagaje, que ame y estime tanto, como el conocimiento de las acciones de grandes personajes, al cual he aprendido por larga experiencia de cosas modernas y lectura continua de las antiguas: y en lo que he pensado con gran cuidado, y reflexionado, para reducirla ahora a un pequeño volumen que envío a Vtra. Magnificencia”.

Sus mejores narraciones son sobre la relación nuda del hombre con el poder. Su concepto de la virtú , se refiere casi exclusivamente a las habilidades para obtenerlo y mantenerlo. Sus retratos, cuentan anécdotas diversas ocurridas en el ‘quatrocento y en el ‘cinquecento’ en distintas ciudades de Italia. Pero sobre todo, son descripciones de Homines delirantes y dementes en toda la desnudez de su competencia y en la lucha por prevalecer.

Macchiavelli tenía plena conciencia de su innegable originalidad. En el prólogo a la obra “Sobre la Primera Década de Tito Livio” dice: ‘No ignoro que el natural envidioso de los hombres, hace a todo descubrimiento (tan) peligroso para su autor como es para el navegante la búsqueda de las aguas y de las tierras desconocidas) Sin embargo,...estoy determinado a abrir una nueva ruta...”

La recuperación del hombre como tal, al rescatar la Antigüedad clásica, no podía en rigor ser gratuita, había que aceptarlo como probaba ser. Pasada la novedad de recobrar el genio grecolatino, ausente durante siglos, despojado ya de la pesada semirealida dogmática, velada la visión devota medieval, debía aparecer otro individuo. Uno, cuya misión era adaptarse a la tierra y dominarla. El feudalismo había ejercitado su violencia en guerras y torneos. La Edad Media católica había disimulado su agresividad tras la figura de Dios, sin dominarla. Basta recordar la masacre de musulmanes que siguió a la toma de Jerusalem, en la primera Cruzada de 1099 - pero de todos modos el hombre tenía siempre aún a través de estos hechos, un lugar reservado en el cielo si sus crímenes defendían la fe verdadera.

El que aparece en las crónicas de Macchiavelli no se siente caído, no presta atención alguna al pecado, y del crimen sólo a su estilo y eficacia. Sabe que hay mucho espacio en la tierra, donde no solamente, puede afianzarse sino dominar. Para ello simplemente ha de ser ‘el más apto’. Completa así sin sospecharlo, la modesta fórmula de aptitud, sólo reproductora de la evolución, con una entidad mucho más compleja. El discurso, es ahora sobre el poder, y sus delirios, planes para alcanzarlo o no perderlo..

En “ El Príncipe” , Macchiavelli elige su ejemplo: César Borgia, Duque de Valentinois. E instruye así sobre la conservación de un Principado nuevo. “Quien juzgue necesario -dice- resguardarse de sus enemigos, atraer amigos, vencer por fuerza o por estratagemas, hacerse amar y temer por el pueblo, ser seguido y respetado por los soldados, arruinar a aquellos que nos pueden o deben ahogarnos....extinguir una milicia infiel y crear una nueva, mantenerse en amistad con los Reyes y los Príncipes, de suerte que estén inclinados a servirte y se guarden de ahogarte,ese no puede elegir ejemplos más frescos que el Duque de Valentinois.”

Ese libro es el más conocido de los que ha escrito. No es el mejor. “Sobre la Primera Década de Tito Livio”, “El Arte de la Guerra”, y las “Historias Florentinas”, son obras mayores. Pero en “El Príncipe,” condensa su pensamiento. Una de las ediciones muy posteriores, está anotada por Napoleon. Literatura de cabecera de los aspirantes a encabezar tiranías sin restricciones, puede adaptarse al siglo XXI y ser el ideario de la competencia ilimitada proclamada como virtud, con reglas mínimas de juego, en un mundo global, delirans y demens.

Macchiavelli percibió y analizó al hombre nuevo recobrado de la Antiguedad, como mostraba ser, pero en un solo modelo, el del condottiero afortunado de su tiempo y solamente en el contexto particular de lucha por el dominio. En sus páginas, no existe prácticamente otra acción, sino diferentes ejemplos de ésta operación continua. No le interesa la vida de la civilización sino como lucha por el poder. Ocurre que ella, efectivamente es primordial en la supervivencia del animal humano, tal como emergió de la evolución y multiplicó en su fuerza por la extensión de su técnica

En el escenario de Macchiavelli, el estilo y el error, eran las únicas condenas al delirio. Salirse del surco era posible hasta llegar al crimen, siempre que éste fuera una obra de arte. En un acontecimiento ejemplar ocurrido en un lugar llamado Sinigaglia, precisamente su ejemplo favorito, César Borgia en una sola, muy hábil maniobra, se deshizo de cuatro enemigos que lo buscaban para matarlo. El obispo de Nocera, Monseñor Paolo Giovio la comentó con admiración: “bellissimo inganno”.

Al avanzar el siglo catorce hacia el Renacimiento, la peculiar organización política de Italia originó múltiples señoríos y Principados, que disputaban entre sí, y daban lugar a Estados minúsculos, como los Baglioni o los Oddi de Perugia, luchas entre facciones o partidos, o incluso de presuntos herederos a un patrimonio familiar, ejemplificando los delirios de la codicia por el poder y las posesiones, tan escrupulosamente descripto por Macchiavelli.

La guerra fue ejercicio constante en la época. Eran por lo tanto, tiempos de turbulencias y de caos, que impulsan por sí, toda clase de patologías, cuyos excesos los racionalizaban bellísimas formas de realidad imaginaria. En nombre del honor o simplemente de la venganza justificada llegaban a invocar el mandato de la divinidad. Era tiempo también de psicopatías sociales graves provocadas naturalmente por el miedo, la tensión y las condiciones de vida.

Describiendo el estilo de gobierno de la época dice Sabine: “Nunca los cambios y las idas y vueltas en las negociaciones, contaron más que entre estos dirigentes -todos aventureros- que confiaban para su éxito igualmente en la apuesta, que en la fuerza más cruda”. Es decir, era precisamente el juego semirreal de la especulación y el engaño, adelantando, complementando o sustituyendo, la compulsión física.

En la relativamente corta historia del esplendor de estas ciudades italianas se perfila con nitidez la configuración ecosistémica de la civilización. La asimetría de las luchas por el poder se agranda en la limitación de espaciotiempo en el que transcurren. Sus escenarios son recintos si se los compara a las grandes ciudades del siglo que termina en 1999. No obstante, las acciones humanas se mueven dentro de los mismos campos de la realidad. Como en los pasos antagónicos y complementarios de las presas y los depredadores cada movimiento de una parte crea una resonancia en la otra y las ambiciones y las codicias se urden en la imaginación del ambicioso de gloria y riqueza creando ecos inmediatos en otros aspirantes a los mismos bienes. Estas corrientes son oscuras y a menudo invisibles para los protagonistas. Ellas transcurren sigilosamente hasta que un error o un descuido publican estentóreamente la trama que se está tejiendo.

Debido a las enseñanzas del Príncipe, Macchiavelli dio lugar a la palabra maquiavelismo, calificativo que acompaña la presunción de uso de un método racional in pectore para alcanzar algún beneficio moralmente dudoso, sin reparar en los medios, sólo justificado por el éxito. Nunca se le puede asociar al ejercicio de la caridad, o de la magnanimidad. Con ello se congeló, simplificada, la imagen del autor del libro, que era un hombre complejo, de talento superior, soberbio conocedor de la psicología delirante y demencial, y que a veces, obligado por su propia subsistencia había debido halagar a los potentados para obtener beneficios - como fue el caso con Lorenzo de Medici- pero que además, había tenido experiencias diversas en la historia de Florencia, en las que había servido a los intereses del estado, con admirable diligencia y habilidad diplomática.

Los delirios de las Ideas filosóficas, científicas y políticas

Los delirios en las ideas tienen idéntico origen y desarrollo que los demás ilustrados en este ensayo.Son funciones específicas del hombre capaces de atribuir carácter de certeza a construcciones semioníricas de su invención. Esto les lleva también a tentativas de comprobar esas ideas delirantes y reconocerlas en su realidad concreta. Estos dos campos son corrientes que se funden y se separan sin cesar en la vida de la especie porque ella transcurre en una y otra. Esa ambiguedad hace que la duda sea la más notoria diferencia con las demás especies animales.

Los grandes delirios teóricos llevan habitualmente consigo la misma exaltación que estimula la creatividad, y configuran los aspectos constructivos o destructivos del hombre como tal. Son factores articulantes y expresivos de todo lo que se interconecta en la civilización como ecosistema . Es en el momento en que las ideas se manifiestan en el mundo de los actos y de los hechos, cuando se advierten sus cargas de ensoñación y su capacidad inventiva, o de choque con la realidad concreta. Su centro creador es onírico, y es el escenario más libre de la especie humana. Allí no existen límites porque es un estado de fusión mental casi evanescente que puede alcanzar la velocidad del caos en creaciones intelectuales y artísticas de inusitada composición y belleza.

Es ese punto, el principio de los mitos cosmogónicos, y el inicial de las grandes obras de arte de la humanidad, el de la energía total del salto que lleva al Moisés y a la Pietá, a la Virgen de las Rocas, la Divina Comedia y Hamlet, o al Arte de la Fuga, los últimos Cuartetos de Beethoven o las Operas de Mozart.

En la historia de las culturas hay siempre líneas de continuidad porque se trata de un hombre único. Las diversidades parten de una traducción inevitable que es espaciotemporal, es decir de circunstancias distintas que deben adaptarse a otras para ser aceptadas. “La Edad Media había vivido siempre en la sombra de la Antiguedad, siempre manejó sus tesoros, o lo que ellos tenían de ellos, interpretándolos de acuerdo a verdaderos principios medievales: teología escolástica y caballería, asceticismo y cortesía”. (Huizinga)

Ya en el siglo XII, se había comenzado a comentar las relaciones entre el mundo Judeo-Cristiano-Occidental y el Greco-Romano. fue este reconocimiento, que reconfiguró el marco de la filosofía renacentista haciéndola compatible con los dogmas religiosos de los Testamentos. La tradición clásica había sido rescatada después de la caída del Imperio Romano gracias a las traducciones bizantinas al Siríaco y de éste al Arabe, para llegar por último al latín. Fue precisamente este largo trayecto, origen de problemas linguísticos, el que provocó el esplendor filológico de Lorenzo Valla (1407-1500) quien revisó cuidadosamente múltiples traducciones al latín, y en su obra “Elegancias de la lengua latina”, llegó a afirmar que la filosofía debía guardar silencio “acerca de las cosas que no se podían decir en buen latín”.

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Marcilio Ficino
Entre los filósofos renacentistas más importantes resalta Marsilio Ficino (1433-1499). Protegido de Cosme y Lorenzo de Medici, traductor de Platón, logró construir un complejo sincretismo en el que su delirio se transmite a través de un curioso panteón, encabezado por Hermés Trimegisto, versión griega del dios egipcio Thot. Creía que “la misión providencial de la pia philosophia era guiar a la humanidad a la ‘fe docta’ (docta religio)”.

En este camino de su búsqueda habían nociones cristianas, otras ocultistas, magia, astrología y reminiscencias paganas. Es decir, una forma de delirio sincrético de teorías, mitos y creencias.

El ocultismo, la magia, la alquimia y la astrología, pertenecen también a una misma versión delirante de la vida nacida en la mente En ellas símbolos transmitidos en secreto, deben ser descifrados individualmente, de acuerdo con fórmulas sólo semi-trasmisibles. Esta paradoja hermética, encierra ‘la razón de la sinrazón’ y es la guía única en las tinieblas transformando al mensaje en una recreación del receptor, que es o puede ser la creación de una forma irreal diferente.

Pico de la Mirándola

Juan, señor de La Mirándola y Concordia,(1463-1494) fue un joven muy dotado que “a la diferencia de Ficino, añadió al hermetismo, el misticismo de la Kabbalah hebraica”. Conjuntamente con estas creencias, sostuvo los principios de la razón, pero defendió la astrología matemática, suerte de astronomía, que buscaba las leyes que aseguran la regularidad en los cuerpos celestes. Era inexaustible su búsqueda de conocimientos, “ese extraño, confuso, acrítico aprendizaje de esa época “ como lo describe Walter Pater, atestiguando ese impulso de querer saberlo todo, por juntar cualquier concepto con cualquier otro, esa libertad juvenil ingobernable, que implicaba el uso ilimitado de la imaginación, el encanto de encontrar nuevas relaciones entre sensación, emocion y fantasía, que es justamente la ‘qualia’ ’ magnífica y desbordante del Renacimiento italiano, a la cual tanto debe la idea ecosistemática de civilización.

Estas creencias inscriptas en la filosofía renacentista, alerta a su propio tiempo, no desplazaron en Pico la fe cristiana, la unió en formas diversas y personales cuya incompatibilidad es manifiesta si se las contempla con fervor escolástico medioeval. “No comprometido con la palabra de nadie- proclama-, yo he decidido permitirme ambular a través de todos los maestros de filosofía, mirar a cualquier fragmento de opinión y conocer todas las escuelas”. Este ejemplo de libertad y apertura intelectual, advertido y reprobado por la Inquisición, lo obligó a exilarse. Incluso fue arrestado en Francia. Volvió a Florencia donde fue fuertemente atraído por el fulgor extraño de Savonarola y murió, muy joven, en 1494

Nicolás de Cusa
Cardenal y filósofo alemán, (1401-1464) resaltó la imposibilidad de la razón humana para acercarse a un Dios inconmensurable. El título del Cap.III de su obra más conocida: “La Docta Ignorancia” es “Que la verdad exacta es incomprensible” Al comienzo del LIbro Segundo, agrega: “Conviene pues, que seamos doctos en alguna ignorancia por encima de nuestro conocimiento, para que, ya que no captamos la exactitud de la verdad, al menos vayamos hacia ella y veamos lo que no podemos comprender”

Cusa no creía en que la tierra era el centro del universo y tampoco en su inmovilidad. Pensaba que existían en las estrellas mundos habitados por seres ni mejores ni peores que los hombres, simplemente distintos..

Montaigne

Michel Eyquem, sieur de Montaigne (1533-1595) fue el más grande de los escépticos del Renacimiento. Se le conoce en el mundo entero por este último nombre, que es el de un castillo que como primogénito heredó de su padre. Los tres tomos de sus Ensayos que le han dado tan justa fama comienzan con una advertencia: “ lector, yo soy yo mismo la materia de mi libro: esta no es razón para que tú emplees tu ocio en un sujeto tan frívolo y tan vano”. Estrictamente hablando, es tal cual, y no lo es. Habla de todo, con enorme talento, con citas que muestran gran erudición excelente latinista la mayoría de ellas son en este lenguaje, en esta conversación general, muestra su manera de ver el mundo, que es también la de Sócrates, de Seneca y de Cusa: ‘ docta ignorancia.’

“Los que saben, dice, lo disputan todo dogmáticamente, pero sus irritantes certidumbres se evaporarían, si tuvieran en cuenta que poco lleva desordenar nuestros poderes de percepción y juicio. Un dedo lastimado o un mal de estómago pueden sacudir una visión del mundo” Su filosofía es la de saber que no sabe, por eso dice de la otra, la académica ,“que todos los sueños y ensueños, se encuentran en ella.”

Montaigne es inagotable. Sin decirlo con las mismas letras, es el crítico de la situación humana, tal como ella podía ser. Hombre del siglo dieciséis, su discurso es contemporáneo de su tiempo, y de cualquier otro. Nada de la materia hecha espíritu por la fantasía, le es ajeno.

Erasmo

El representante de mayor relieve del humanismo del Renacimiento fue sin duda Desiderius Erasmus de Rotterdam, (1467-1536) Personaje sin par, viajero incansable, su nacionalidad de origen se puede olvidar por su espíritu internacional de ciudadano de todo el mundo. Hombre de enorme cultura, “con Petrarca, el más grande artista de la prosa latina después del Imperio Romano”, hablaba un griego impecable, que lo hacía corresponsal de León X; polemista poderoso a favor y en contra, de Lutero, consejero de Reinos y potestades, celebridad europea. Cristiano, con la ilusión imposible: quería reformar la Iglesia desde el Cristianismo.

Escribió entre muchas obras, y miles de cartas, el admirable “Elogio de la Locura” en el que ésta misma es la única voz, en su carácter de experta en las cabriolas y quimeras de los hombres.

Vale bien la pena en este texto, citar frases enteras de ella: “según las definiciones de los Estoicos, la sabiduría no consiste en otra cosa que ser guiado por la razón, la locura al contrario, a ser determinada por lo arbitrario de las pasiones; para evitar a la vida de los hombres de ser enteramente lúgubre y siniestra, Júpiter les ha dado muchas más pasiones, que razón, en la proporción de un as y de media onza. Además, ha relegado a la razón a un rincón estrecho de la cabeza y ha dejado todo el resto del cuerpo a las pasiones. Enseguida ha opuesto a la razón sola, a dos tiranos, por decirlo así, muy violentos: la cólera que ocupa la ciudadela del pecho, y mismo esa fuente de vida, que es el corazón, y la concuspicencia, que tiene el imperio más vasto hasta abajo del pubis..”

Por supuesto Erasmo sabía bien de qué estaba hablando. Todas sus obras fueron puestas en el Index, por el Concilio de Trento. Ellas casi sin excepción predican el amor a la obra de Cristo y denuncian las abominaciones de la Iglesia renacentista, estableciendo claramente la diferencia entre las palabras y las obras mundanas y las que corresponden al verdadero espíritu religioso.

Para terminar estas citas del “Elogio..” vale esta vista del conjunto de la humanidad como ‘a vuelo de pájaro’: "En total ,si se consideraran las innumerables agitaciones de los mortales bajo la luna..., se creería ver una multitud de moscas o de mosquitos que se baten, hacen la guerra, se tienden emboscadas, roban, juegan, se divierten, nacen, sucumben, mueren. No se podría creer que cambios, que dramas provoca una tan pequeña bestezuela prometida a un tan breve pasaje. Porque la borrasca ligera de una guerra o de una epidemia se lleva y pulveriza millares a la vez”

Erasmo fue una figura única del Renacimiento por su libertad de pensamiento fuera de toda intolerancia, tan semirreal como otros grandes personajes de la historia pero que partiendo de la surrealista composición de la especie humana representó de todas maneras las formas y armonías de la mente copiando como Leonardo el vuelo libre de las aves sobre el mar.

Viajero inquieto y perceptivo, lleno de humor sarcástico para apreciar actores y escenarios, católico de fe profunda, que repudiaba y era repudiado por los teólogos, sólo atentos al rastro de la herejía; retratado en forma admirable por Holbein y por Quentin Massys, noble de facciones, noble también en su mente y sentimientos, poder evocar hoy a Erasmo, puede resultar una experiencia conmovedora, con riquísimas resonancias personales.

Esta reseña sobre el delirio en las ideas filosóficas y científicas, que sigue a las de ideas políticas, geográficas y militares en Europa del Renacimiento, ha de ser también forzosamente sintética, porque cubre más de un siglo de vuelo libre intelectual extendido sin ataduras dogmáticas.

Paracelso

Ninguna figura es más representativa del signo que este texto reconoce como característico del Homo delirans, el de la libertad, que Théophrastus Bombast von Hohenheim (1493-1541) más conocido por el nombre de Paracelsus. Hijo de un médico y médico, él mismo, nacido en Suiza, incansable viajero por Europa, renegó de Galeno y de Avicena, y chocó con todas las convenciones de su tiempo, fueran filosóficas o religiosas. Al presentarse decía: “ Yo soy Théophrastus, médico y alquimista, filósofo y mago. Yo soy yo, yo soy el ‘monarcha medicorum’ y me permito demostrar a Vds. lo que Vds. no pueden demostrar “.

Hablaba un dialecto alemán porque creía en las virtudes de la lengua vernácula. Sus propias obras mezclaban teología con la Kabbalah, proclamaban una nueva astrología, y reconocían las raíces naturales de la medicina, como de la astronomía y de la alquimia, aceptando también principios de folklore germanos. “Las universidades no enseñan todas las cosas --escribió- así que un doctor, debe buscar viejas, gitanas, hechiceras, tribus itinerantes, viejos ladrones, y otros excluídos y tomar lecciones de ellos. Un doctor debe ser un viajero. El conocimiento es experiencia.... La imaginación es Poder Creativo. Al lado de las estrellas establecidas,hay otra -Imaginación- que engendra una nueva estrella y un nuevo cielo”

Paracelsus, se distinguió como cirujano de guerra en Estrasburgo y Basilea y tuvo mucho renombre en su profesión. Estimuló el uso de nuevos remedios basados en sus conocimientos químicos y metalúrgicos y el primero en enunciar que lo “que enferma es lo mismo que cura” . En 1530, hizo la mejor reseña conocida sobre la sífilis, y también se adelantó a su época diagnosticando la ‘silicosis’, como ingestión de vapores metálicos entre los mineros. Erasmo fue uno de sus amigos y pacientes. La independencia de su criterio, la búsqueda inquieta de remedios en la naturaleza misma, sus incursiones en la alquimia, lo señalan como uno de los espíritus más libres y originales de una época que se caracterizó por esas dos fascinantes cualidades.

Karl Jung que se ha ocupado extensamente de la Alquimia señaló que Paracelso fue un precursor de la psicoterapia.

- INDICE DE TITULOS Y SUBTITULOS
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INTRODUCCION - DEL COMIENZO DEL COSMOS AL HOMO DELIRANS
- EL LIBRO
- LOS NAVEGANTES CELESTE
-
EL IMPERIO BRITANICO
-
CIVILIZACIONES. SIGLO XX - La gran Guerra 1914-1918
-
VIETNAM
-
1999. EPILOGO
- -----Ex Libris ------ EL VIAJE. Una parábola sobre la vida humana
--------------------------- LOS SILENCIOS
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