¿Existe Dios?


Por cientos de siglos hubo y hay adoradores de todo tipo de dioses, como entre los antiguos sumerios, egipcios, asirios, griegos, romanos,  judíos, cristianos, musulmanes y tantos otros conglomerados humanos. Puede asombrar entonces, que en Occidente sea algo reciente que inmensas cantidades de personas no crean en dios.

Aun así no deja de interesar la cuestión de si existe algún dios o si hay más de uno, qué hace, dónde reside, y preguntas por el estilo. Además de sentimientos de curiosidad general, muy frecuentes en la especie humana, poder alcanzar la comprensión de lo misterioso, de lo que nos asombra o abruma, sigue impulsando ciertas indagaciones, a veces con mediano interés, otras veces con gran fervor y otras de una forma evasiva. Por ejemplo, muchos de los que no creen, se "preguntan" sobre un Ser Supremo respecto de lo que los desconcierta o escandaliza: "Si Dios existe, ¿sucederían estas cosas?", dicen. ¿O acaso no sería Dios quien todo lo conoce y lo puede? 

También, nuestra conciencia inquiere, razona, sueña y se apasiona en relación al sentido de la vida y de las cosas. ¿No es ésta una condición humana obvia en los niños? Ellos por lo general mantienen durante la infancia su capacidad de sorpresa, y eso los lleva a interesarse  preguntar por todo.

Pero es claro que en algún momento de la niñez o más tarde, pareciera que "aprendemos" a no preguntar  más,  ni a nosotros mismos ni a otros. Nos desacostumbramos de ese sabroso diálogo interno que nos absorbe y vitaliza. ¿Qué pasa en nuestro interior, qué poder externo influye para que aquello que era común dentro de nosotros, la capacidad de asombro y el interés de saber se pierdan? 

Por miles de años seguramente fue casi imposible escapar al asombro dada la cercanía entre el hombre y la naturaleza cruda del universo que podía dejar atónito al más apático. Esas experiencias han sido canceladas y suplantadas por un bombardeo virtual y uniformador de contenidos mínimos y reiterados al hartazgo. Estamos alejados, entonces, de la contemplación activa de las maravillas del mundo, en una situación de espectadores inertes ante mensajes audiovisuales mercantilistas, casi siempre buscando el efecto fácil apelando a la violencia y a lo que denigra.

Un ejemplo: al mirar el cielo nocturno, hoy, sólo presenciamos una bóveda casi vacía. Las luces potentes de las ciudades y pueblos, sumada a la contaminación, han "deshecho" aquel cielo negro tachonado de  estrellas, eliminando una experiencia de observación extraordinaria. A no ser que vayamos a un planetario, ya no es probable ver algo tan deslumbrante, algo que antes era una  experiencia diaria.

Es verdad que igual nos podemos seguir maravillando, si ponemos atención y también es cierto que esos fenómenos no prueban de manera fehaciente, de forma judicial o "científica": la existencia de uno o más dioses, como el origen de la totalidad. Además, hubo y hay muchos hombres y mujeres, algunos con gran formación intelectual, de enorme capacidad lógica-racional y con extraordinaria imaginación para inventar complicadas argumentaciones, que ante las desventuras del planeta, se transforman en simples analistas y dicen: "Si dios existe, debe ser muy malvado para no intervenir ante estas calamidades". Pero esto es de mala fe, pues qué dicen ellos y otros cuando disfrutan de la infinidad de maravillas que a todos nos llenan de placer y alegría. Si uno se queja por lo que conduele, ¿no debería agradecer por lo que le hace feliz? En definitiva, mientras no se piense imparcialmente, no hay derecho para sostener un discurso crítico contra nada ni nadie.

Además,es incoherente pensar en una Gran Causa del Todo y al mismo tiempo suponer que tenga que dar explicaciones que lo acrediten, lo excusen o lo legitimen ante quienes son sus creaciones.  Más sentido tendría que mansamente no creyeran sinceramente en nada, antes de juzgar a quien no sólo niegan, sino también que desean negar.
  Además, si alguien se cree con derecho de hacerle un juicio a Dios, ¿no tendría Dios al menos lo mismos derechos que un hombre común que es sentado en el banquillo de los acusados? 

Por ejemplo hay principios jurídicos de aceptación universal, como el derecho a la defensa antes de emitir un juicio. Se lleva este principio al extremo de no poder juzgar si el sospechoso no puede presentar defensa, aunque haya evidencias notables de sus crímenes. O hay derecho de no obligar lo que la ley no manda ni prohibir hacer lo que ella no impida.  ¿Pero con qué leyes se juzgaría a Dios? 

Además, hasta los canallas tienen derecho a un juicio justo, a no dar testimonio si no quieren, y hasta a seguir con vida (en muchos sistemas de leyes) sin importar lo que hayan hecho. Por lo tanto, ¿cómo sostener la inconsistencia de juzgar a dios como un malvado o cancelarlo de la Historia, por lo que se supone que Él debería o no debería hacer?

¿Por qué, entonces, no usar un mismo criterio de respeto cuando se analiza la "posible" existencia de un ser o seres, obviamente muy superiores, que pudieron darle existencia al universo y lo que en él existe? Si hay Dios, ¿sería razonable investigarlo, pretender que se excuse o se haga visible en las formas y tiempos que nosotros deseamos?

Obviamente que las modas que presentan una ciencia que todo lo puede y la lucha de poder surgida entre los que se decían representar a Dios ante otros, a quienes explotaron salvajemente, en nada ayuda a quienes fueron criados principalmente en una cultura judeo-cristiana la que afectada por los poderes de turno, tiene principios y una Historia ciertamente interesante.

En definitiva, Occidente en vez de manifestar un grado de aprecio y dignidad por lo que -en definitiva- lo determina desde hace milenios, ha preferido empoderar la idea de que "Dios ha muerto", mientras muchos de sus "sabios" o han sido parciales o han abrazado culturas místicas lejanas a nosotros, demostrando así gran incoherencia por poner fe en otros dioses, lo que muestra el desprecio que sienten por su herencia cultural milenaria.

Decía Ovidio,  ¨Conviene que existan los dioses. Y puesto que conviene, creemos que existen.¨   Es de esperar que "tal fe" y otras semejantes, por conveniencia, no produzcan nada sustancial.   Además creer o no creer en algún dios, no asegura la excelencia misma de nada. Un hombre creyente advertía a compañeros de creencia, que se enorgullecían de tener mucha fe:  "Hasta los demonios creen y se estremecen".

Lamentablemente, muchas personas leales a costumbres familiares o regionales, han sido cargadas con montones de dogmas y ritos que no por ser sinceros les han ayudado al progreso personal o al bienestar de sus espíritus y emociones.

Tomás de Aquino, dijo, "Yo ruego a Dios, como si lo esperase todo de Él, pero trabajo como si lo esperase todo de mí".  Esta es una buena expresión de quien pide a Dios con debido equilibrio, con la fe de quien se siente impelido a creer y actuar en consecuencia.

Pero ocurre que yambién muchos de nosotros, que somos relativamente fieles a nuestras tradiciones, y a las instituciones que las representan, no medimos si estas Instituciones (Iglesias, Congregaciones, etc...) son a su vez leales con nosotros en su pretendida encomienda de Dios a cuidarnos por ser los nombrados pastores de su rebaño.

La pregunta de si existe Dios no tiene una respuesta obvia. Pero al estar frente a esa indagación, es mejor cuidarse de actitudes pueriles o poco serias.

Finalmente, un humilde objetivo: este sitio de internet intenta motivar hambre y sed en los asuntos que algunos creemos son los de más importancia en el universo visible e invisible.

Quiera el amable navegante aceptar esta invitación e indagar lo que otros millones ya hicieron desde los tiempos más remotos, en cuanto al tema de la existencia y la maravillosa persona de Dios, según lo que aparece en la Historia que nuestros antecesores, como muchos de hoy, creyeron y a lo que tenemos fácil acceso cuando nos acercamos a las Sagradas Escrituras.

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Nuestro Padre Amoroso.
El deleite de conocer sus preciosas cualidades
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Citas memorables

"Invoca a Dios, pero no navegues junto a los escollos."
  Albert Einstein

"Dios no juega a los dados." (con su creación) 
Albert Einstein

"Dios no sólo juega a los dados: a veces los tira donde no se pueden ver."
Stephen William Hawking

"En algunos instantes me encontraré con Dios,
pero no estoy seguro si mi creador esté dispuesto a recibirme."
Winston Churchill

"El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios."
León Tolstoi