Ella
Luna
que sabes de amores,
la apacible noche de sábanas
blandas
repica en mi piel y
ella,
hembra ardiente que clama,
luce siempre ante mí su traje
más negro y sutil,
el finísimo velo leve de
brisa en la carne trémula de
ella,
loca como la oscuridad, luna
imposible,
soberbia mujer liando
horizontes en sus ojos,
cabalgadora de sí
ella,
la yegua de luz enancada en
mi torpe lomo
que andamos ambos calientes
suspirando las selvas
crecidas por las aguas lluviosas
bajo un sol vertical que no
duerme
y quema en la piel tanto
amor…
Luna que sabes de amores,
dime lo que la noche te
suspira de siempre,
y yo le haré de eco
a mi potra de luz,
y su oído sensible a mí
cabalmente sabrá para siempre
arder harta,
ella,
en mi vastedad.