Entrevista a Pablo Urbanyi

Por María Elena Lorenzin
Flinders University of South Australia

Aparecida en :
JILAS, Journal of Iberian and Latin American Studies,
Volume 3, Number 2, December 1997, pp. 79-98

'En realidad, ser argentino no es privilegio ni
una maldición, no es ni una virtud ni un
pecado, no es nada del otro mundo, ser
argentino es algo que le puede pasar a
cualquiera'.
Rodolfo Braceli


Si ser argentino es algo que le puede pasar a cualquiera, ser el escritor Pablo Urbanyi es algo que no le puede pasar a cualquiera. Nacido en 1939 en una Checoslovaquia que se hace húngara tres meses antes de su nacimiento, de una Hungría que ya no es Hungría sino Checoslovaquia cuando en 1947 junto con sus padres y hermana menor emigra a Argentina donde vive sus años formativos hasta que en 1977 ya no es la emigración sino el exilio. Dejando atrás una Argentina amordazada pero no olvidada, sin ser un desconocido en las letras argentinas, se instala en Canadá desde donde ha seguido escribiendo, atizando con su humor temas que atañen a las sociedades del norte 'enriquecido'.

Urbanyi se da a conocer como escritor con Noche de revolucionarios (1972), una selección de cuentos, con los que comienza a fraguar su estilo - un humor amargo y revelador - de la cual uno, el que da el título al libro, puede considerarse como la génesis o el mini-laboratorio de su producción posterior. Es evidente que muchas de las líneas de su narrativa parten de este cuento.
Si hay algo definido en Urbanyi es este hilo conductor que arranca de su primer título, pero que no agota su insaciable capacidad de asombrar al lector en cada una de sus obras.

El temprano descubrimiento del humor , la desmitificación de la solemnidad y el procesamiento
de la crueldad y del mal de forma humorística son algunos elementos importantes en su narrativa.
Por otro lado, la configuración de personajes atrapados y en proceso de cosificación en una
realidad tan contradictoria como absurda, la velada crítica de lo falso, y la iconoclastia con que
desacraliza un mundo incuestionado y aparentemente feliz, son otros aspectos que llaman la
atención en este creador, y que, curiosamente, no va a abandonar en su narrativa posterior.
Una puesta en práctica de los elementos arriba señalados se da en Un revólver para Mack
(1975), su primera novela escrita y publicada en Argentina, una especie de sátira o parodia de la
novela policial, que le permite desmitificar el género y con la que logra un pronto reconocimiento
no solo de la crítica especializada sino también de lectores. (A pesar de los años que la separan
de la edición en español, en 1992 aparece la traducción al francés, publicada en Canadá por VLV
éditeur, traducida por Jean Potvin, igualmente seguida de buena crítica).

A la publicación de sus dos primeros libros se agrega su incorporación como redactor del
suplemento cultural del prestigioso diario La Opinión de Buenos Aires que fue dirigido por
Jacobo Timmerman. Allí Urbanyi ( 1975 - 1977) publicó varias investigaciones sobre aspectos
poco conocidos de la vida argentina, que tuvieron especial repercusión en los medios
periodísticos, culturales y políticos, en las que ya se revela una clara conciencia crítica. El exilio
lo saca de cuajo de esa realidad para transplantarlo en otra, lo cual contribuye a una cierta
marginalidad inicial, de la que sale con el aporte de lo escrito en Canadá, igualmente seguido de
excelente crítica, tanto en Argentina como en Canadá. Sin embargo, este hecho, el ser un escritor
fraguado entre dos aguas, a lo que se une su propia actitud personal de no transigir con nada que
no sea su firme compromiso de escritor aunque a veces, como él mismo reconoce, 'temo que mi
escritura no sea muy simpática para el consumo', lo conduce a una cierta marginación. A esto
habría que sumarle su inadaptación al exilio en Canadá, del que si bien ha logrado extraer frutos
notablemente enriquecedores para su narrativa, tampoco logra darle un lugar, (Urbanyi insiste en
escribir en castellano) , o si se le ofrece uno, es 'en ninguna parte’, usando metafóricamente el
título de su primera obra escrita en el exilio.

En ninguna parte (Fundación de Belgrano, 1981), escrita en Canadá y publicada en Argentina,
logra rápidamente darlo a conocer en su país de residencia al salir las traducciones al inglés
(1982) y al francés (1988) de esta excepcional novela.. Con ella abre una veta nueva en la
literatura argentina, no solo la de la crítica a la vida académica, como se lo ha querido ver, sino
que también marca el punto de arranque de una narrativa más amplia que se aparta cada vez más
de los parámetros argentinos, en la que no pocos autores siguen buscando y explorando el ser
nacional a nivel 'temático', en el presente y cada vez más también en la historia.

El cuarto libro, editado en Argentina, De Todo un Poco de Nada Mucho (Legasa, 1988) muestra
al mismo Urbanyi pero con diferente ropaje, quien bajo el pretexto de una conferencia, un curso de
español y un congreso de escritoras en Ottawa, da rienda suelta al mejor humor satírico sin dejar
de lado lo grotesco. Si hay una filosofía de la creación en Urbanyi, debe encontrarse en este libro,
en el que el mismo autor ironiza sobre sí mismo, su lugar o falta de lugar en campo de la literatura
y su relación con el éxito, ya sea nacional o internacional. Más adelante sustenta su credo literario
en la capacidad de escribir sin las limitaciones generadas por el éxito fácil o las leyes de
mercado. La reticencia a aceptar que el escritor se haya convertido, para la industria editorial, en
un proveedor más de materia prima le lleva a decir a Pablo, el escritor - personaje:

'Esto lo comprendí dolorosamente cuando se lanzó mi novela en inglés y el promotor de la misma, ante mi reticencia a la publicidad payasesca, y las giras de lectura que organizó, me dijo con toda franqueza: 'No sé qué piensa de usted mismo y quién cree que es, ése es su problema; pero tiene que comprender que a esta altura de la vida entre una obra de arte, un salame o un queso, o un licor importados, no hay ninguna diferencia…' (139)

Esta concepción de Urbanyi sobre la labor del escritor y el proceso de la escritura, rigurosa y sin
condicionamientos de ningún tipo, (por algo se reconoce un gran lector de Thomas Bernhard), es
puesta en práctica en cada una de sus obras, con las que logra ir creando un mundo propio,
coherente, a pesar de las limitaciones que él mismo se ha impuesto.

Con Nacer de nuevo (Girol, 1992), el libro que sigue a De todo un poco de nada mucho, retoma
el cuento y otras formas breves que destacan por su fino humor y la sátira a veces mordaz con que
ataca a individuos, grupos e instituciones de la cultura actual. La primera parte, llamada Cartas
canadienses, siguiendo el esquema de las Lettres persanes de Montesquieu, logra dar una visión
del asombro (o acaso ¿espanto? ) del recién llegado al mundo del desarrollo y los anticuerpos - o
pequeñas mentiras -que es necesario crear para sobrevivir. Curiosamente como la de los dos
persas en París ( Letres persanes), la visión del mundo en las cartas que escribe Pablo al amigo
Alberto, escritas desde el punto de vista del extranjero, no es tan superficial o parcial. como
podría esperarse.

En 1993 su novela Silver, logra salir finalista del Premio Planeta de Argentina, hecho que ayuda a
su publicación al año siguiente por la editorial Atlántida. Silver cuenta la historia de un mono
llevado a los Estados Unidos por una pareja de científicos para estudiar su adaptación al medio
'enriquecido'. El argumento pero en especial el personaje, recuerdan al mono de Kafka, Informe
para una academia e Yzur, el mono del cuento de Lugones pero Urbanyi logra ir más allá. El
mono de Urbanyi es un mono que se rebela., que busca algo más que la aceptación pacífica. Tal
vez por esta 'similitud' Urbanyi haya manifestado en varias oportunidades 'Silver soy yo'.

Tanto Silver, como su novela más reciente, Puesta de sol (Girol, 1997), marcan la culminación de
etapas anteriores del autor, en las que la utopía - tema que subyace como vasos comunicantes en
toda su obra - encuentra su expresión más plena, bajo las formas más variadas del humor.

Con Urbanyi se da respuesta a la pregunta de Cortázar : '¿Quién nos rescatará de la seriedad?' y
se niega la repetida frase de Borges: 'Dos de nuestros males son la falta de humor y la solemnidad'.

¿Hasta qué punto es verdad esto que dice Borges?

Es difícil medirlo. El argentino tiene humor, un humor negro, un humor del que carecen países
como Canadá o Estados Unidos pero es un humor cínico, a veces un poco gratuito: 'Apostá al
cinismo y vas a tener razón'. Quizás nuestra historia tan cruel y las desilusiones nos enseñaron o
nos obligaron a que seamos así. En cuanto a la solemnidad, no me cabe ninguna duda. Una
solemnidad que llega hasta la dureza y el envaramiento. Basta pensar un poco en la famosa
fachada del porteño y vivir un poco fuera del país para darse cuenta de eso.

¿Podrías dar algún ejemplo?

Cómo no. La ropa, la famosa pilcha que es una especie de revoque de la fachada que tanto le
preocupa al porteño. Es una obsesión que en cualquier otro país sería considerado patológico.
Hoy, después de haber vivido 20 años fuera de Argentina, reconozco a un porteño por su manera
de caminar o la manera en que obsesivamente, con ligeros toquecitos, se arregla la ropa esté
dónde esté, caminando, sentado en un bar o parado mirando una vidriera.

Los argentinos tuvimos la suerte de albergar a un Witold Gombrowicz, quien llegó a Buenos
Aires el mismo año en que vos naciste. ¿Cómo crees que habría sido la literatura argentina de
haber ganado Gombrowicz un espacio más amplio en esta literatura?

No sé. Los escritores talentosos, por no decir grandes ya que últimamente todos lo son,
difícilmente dejan lugar en un espacio que abrieron. Generalmente lo agotan. Y los que los siguen,
no hacen otra cosa que remedarlos tristemente. Eso no quiere decir que no creo en los maestros, lo
modelos, Borges y Cortázar lo fueron. Ahora, desgraciadamente, no queda ninguno. Por otro lado,
ahí lo tuvieron a Gombrowics y lo ignoraron olímpicamente. Algo muy nuestro por cierto. Lo
demás es un supuesto.

¿Le debes algo a Gombrowicz? ¿Llegaste a conocerlo?

Conocerlo personalmente, no. Leí la primera edición de Ferdydurke con su prólogo original en el
que se relata un hermoso ejemplo de colaboración literaria para una traducción casi imposible de
un libro tan difícil. No conservo ese ejemplar y lo lamento. Y, aunque la traducción sea la misma,
en las ediciones actuales ese prólogo desapareció para ser reemplazo por uno banal. En cuanto a
deberle algo, le debo todo lo que se le puede deber a un maestro: inteligencia, audacia,
innovación, así como le debo a muchos otros, tales como Arlt, Cortazar, Hasek, Swift,
Sterne,Cervantes, Quevedo o Borges. Esos son los que me ayudan a gatillar la mente, si es que
tengo pólvora y la mecha se puede prender, claro.

¿Cómo ves el humor en la literatura latinoamericana? Donald Shaw dice que el humor es un
fenómeno relativamente nuevo en la nueva narrativa latinoamericana y que la sátira ha pasado
a ocupar el lugar que otrora ocupara el ‘compromiso’. ¿A qué crees que se deba este cambio?

A que probablemente hayan perdido la fe y a los ideales se los llevó el viento que trajo el aroma
de McDonald’s y las burbujitas Coca-Cola. Ergo, la solemnidad del compromiso. En otras
palabras, a que el imperialismo, en virtud del milagro de las palabras, se convirtió en inversión
de capitales del que todos, los que pueden, quieren o sueñan con un cachito. Es posible que Shaw
tenga razón, pero lo que leí hasta ahora, incluida la ligera, muy light literatura femenina, lo que
veo es un humor muy pobre que más bien da ganas de llorar. El humor es algo muy serio. Detrás
debería haber algo tan serio y profundo como detrás de la tragedia. Los magiares (o los magyar)
tienen un dicho: 'Llorando se divierte el húngaro'. El humor actual de los escritores
latinoamericanos, salvo contadas excepciones, es un humor de humoristas que todos los días,
cada semana, tienen que producir algo, hecho de taquito y que busca la complicidad del lector:
'Vamos, divirtámonos un poco, jodamos, vos y yo sabemos que esto no es serio'. Está muy lejos de
aquella observación inteligente, entre otras, de Arthur Koestler: 'El humor es la resolución de
situaciones irresolubles o profundamente contradictorias'. O algo así. No sé si cito bien.

Por detrás de todas tus obras aparece siempre el tema de la utopía. ¿Por qué te interesa tanto
este tema? ¿Hasta qué punto crees que nuestra época da cabida al pensamiento utópico?

Digamos que al pensamiento utópico en 'miniatura'. Creo que ante una realidad aplastante y
aceptada pasivamente por las ansias de esclavitud del ser humano, (Bruno Bettelheim, en cuanto
fenómeno psicológico, en cuanto social, el pequeño burgués), sólo quedan las pequeñas utopías.
Las grandes utopías han desaparecido o quedan como piezas de decoración y ensoñación en los
libros de ciencia ficción. Utopía es siempre algo no realizable. De esta manera, soñar con una
casa fin de semana, un auto nuevo, un viaje, nacer de nuevo sea como fuere, también pueden ser
utopías pero en miniatura. Pero digamos que la única razón por la que me interesa es que nos han
convencido que vivimos en el mejor mundo posible, ergo, en una utopía.

¿Y acaso no lo es?

¿Desde cuándo? Sólo para los creyentes: la economía del mercado es la mejor y vivimos en el
mejor de los mundos posibles. Y lo digo en el sentido más religioso de la palabra. Vargas Llosa
llamó a los empresarios 'los mártires del Siglo XX'. Yo no creo que él tenga humor o suficiente
capacidad de ironía como para decirlo, justamente, como ironía. Y creo que sería la ironía y el
sarcasmo más bello que se pueden acuñar. No hay empresario que no sufra o no llore por ganar
poco. Pero este tema ya lo trató mucho mejor Voltaire en Cándido.

¿Cómo ves lo utópico en tu obra? Yo veo una continuidad en el tratamiento del tema pero
también una progresión y una mayor toma de consciencia en tus últimos libros. No me animaría
a hablar de evolución sino mas bien de perspectivas nuevas, tal vez condicionadas con tu
situación de 'outsider' en la cultura canadiense. ¿Me equivoco?

Bueno, eso de outsider no estoy muy convencido. Yo creo que un verdadero escritor siempre, esté
dónde esté, en su patria o fuera de ella, debe ser un outsider. Si no, ¿qué nos trae de nuevo? ¿Qué
'descubre', dicho entre comillas? ¿O qué critica? Historias de futbolistas o biografías de estrellas
o chismes. En otras palabras, se habla más de Borges de lo que se lo lee realmente.

¿Qué tenés contra los futbolistas?

Nada, absolutamente nada. Hablo de una escala de valores y de su distorsión. Pero , como ocurre
siempre, esto ya lo señaló Musil hace cuarenta años cuando su personaje Ulrich descubre que a un
caballo se lo puede llamar genial.

Volvamos a lo de 'outsider'.

Quizás, no sé, me dé la ventaja de poder ver con más facilidad las contradicciones y los absurdos,
tal como me dijo un día Raúl Gustavo Aguirre, que en un Revólver para Mack describo al porteño
mejor que nadie por ser de otro país. Esto tampoco creo que sea verdad, hay quienes lo
describieron cien veces mejor que yo, sin ir más lejos, Arlt o en ensayos como El hombre que
está solo y espera. Queriendo ser o siéndolo, un poco coherente con la primera respuesta, utilizo
la utopía para criticarla, en otras palabras, creo, para señalar las contradicciones y los fracasos
de las utopías que no solamente nos venden, sino que nos quieren poner como chalecos de fuerza.
Probablemente una especie de ilusión. Quizás sería suficiente hablar de mitos tales como la
aparente omnipotencia de la educación, como solución a todos nuestros males (la droga, el
alcohol, para encontrar trabajo, etcétera) , pero en el caso de Silver va más allá, me parece, ya
que hay un delirio de una 'Nueva sociedad' o un 'Nuevo mono' por no decir 'Nuevo hombre', en
este caso. No creo que sea por ser un outsider, sino más por frases como 'Estudiando a los monos,
comprenderemos mejor cómo llegamos a ser como somos' o parecidas.

En Silver, vuelve a aparecer, recurrentemente, el tema de la utopía. ¿Cómo ves a Silver,
¿como una utopía de las libertades o utopía de la Libertad?

Podría decir que de las dos maneras. Ninguna sociedad ha vivido ni bebido de los mitos como la
nuestra. Mitos insustanciales, lejos de los antiguos con contenidos profundos, hablo de las
mitologías o de las religiones. Creo que el mito de la libertad, muy pagana por cierto, es uno de
los más grandes que se ha creado en este siglo y se complementa perfectamente con la palabra
democracia. Jamás fuimos tan esclavos. Hay mil definiciones de la libertad, como por ejemplo:
'No hay libertad, hay libertades', acuñado por un abogado. Pero si hablamos de libertad, debemos
tener en cuenta la autonomía del individuo y vivimos cada vez más en una Sociedad Anónima en la
que somos cada vez más dependientes y menos autónomos. De mitos hablando, el regreso a la
naturaleza, 'respirar la libertad', es la que inspira a la pobre Jane para resalvajizar a los monos
domesticados y corrompidos por la civilización, llevándolos a la selva.

Desde una perspectiva diferente, ¿es libre Silver? Rebelarse, ¿no es acaso una manera de
ejercer la libertad?

No, Silver no es un ser libre o, como humanoide, lo es como nosotros. En cuanto a rebelarse, sí,
creo que es una manera de ejercer la libertad. La única quizás. Si uno lo piensa bien, en la
pasividad del ser humano de hoy, hay algo profundamente triste, con olor a derrota. Sin embargo,
hay que reconocer que la tragedia de hoy es que no sabemos contra qué debemos rebelarnos o
estamos solos en la rebelión. O cuando tenemos la libertad total, como Silver en la selva, nos
entra el pánico y buscamos la jaula que para Silver es la civilización. Vivimos en profundas
contradicciones.

Eso engancharía perfectamente con lo que comentaste en una oportunidad: 'Creo que las
utopías de mis libros se dirigen a un imposible'. ¿No hay una contradicción aquí? En lugar de
utopías estaríamos frente a las antiutopías modernas.

Quizás sacando la palabra 'moderna', estoy completamente de acuerdo. La antiutopía existe desde
los tiempos de Luciano. Es suficiente que las llamés antiutopías.

Se habla mucho de transgresión en literatura, transgresión en el sentido bajtiano de ruptura
con la norma. ¿Consideras Silver una obra transgresora? ¿En qué sentido?

Diría que eso es como tirarle un escopetazo a un elefante desde un metro de distancia. Toda obra
de calidad es transgresora. No hay ni una que no lo sea. Siempre va contra algo. Y no puede evitar
que lleve la ruptura contra la norma. Y si Silver es buena, en el sentido que lo entiendo yo (no
olvides que vos sos lectora y ojo con lo que dicen los escritores), es una obra transgresora.

En Silver, Marco, el interlocutor-confesor de Silver dice: 'Nunca le he hecho el juego la
folclorismo que esperaban de mí; siempre me he negado a poblar mi país adoptivo con
espíritus, gauchos, gnomos u otras magias'. ¿Pueden llevarse estas palabras al autor Pablo
Urbanyi?

Cien por cien. Esto de que lo que dice el narrador es una cosa y lo que dice el autor es otra, no
siempre es verdad. Por otra parte, es trágico. De la misma manera que se venden toritos y toreritos
de plástico, o ponchos y quenas de Los Andes, hay escritores que venden los mitos aztecas o
mayas o quichuas empaquetados y con la etiqueta 'literatura' o 'arte'. Hasta hay quienes inventan
necrofilias como la argentina for export, igual que el tango. Para el gusto, para lo impuesto, para
lo esperado, para lo preconcebido, no soy un escritor 'típico'. Parece que ser heredero de
Cervantes, aunque sea por el idioma y no de su grandeza, no es suficiente.

¿Es difícil no ser un escritor 'típico' y cuales son las sanciones que se reciben por no serlo?

Lo es, creeme. Muchos de los que andan por afuera y no lo son, terminan cacareando sobre las
Universales, como el amor, perdón, es mucho mejor decir 'pasión', la guerra, el hombre en busca
de su destino, el sufrimiento del individuo perdido en el desierto y todas esas cosas, que,
irónicamente, pueden ser verdad, pero, justamente, al cacarearlas, como lo hacen demasiados, es
una trampa para los ingenuos y sólo despiertan una sonrisa de indulgencia. Hay cosas de las que
sólo se puede y debe escribir y no hablar, o viceversa.

Eso no está muy claro.

Para mí sí. Es mucho más significativo un abrazo profundo que cien palabras. ¿Dónde diablos está
el arte? Cuando un escritor habla de su obra, muchas veces la supera con la verborragia o con la
teoría que se fabricó para explicarla o escribirla. Yo tampoco estoy a salvo de esa trampa y
peligro cuando hablo de lo que escribo. Supongo que, si el arte existe, es para algo,
principalmente para transmitir emociones, vivencias, dimensiones, visiones, trampas, que no se
pueden expresar con palabras. Y todo lo que puedo expresar verbalmente, con palabras, no
necesita el arte. Y el hecho que se usen palabras para escribir, es la verdadera maravilla y el
milagro.

En cuanto a las sanciones...

Oh, más que nada debidas a las estructuras mentales. ¿En qué parte de los estantes de la biblioteca
lo ponemos? ¿Entre los argentinos? ¿Los canadienses? ¿Los húngaros? ¿Sobre qué escribe? Hum,
qué raro, al decir de un editor norteamericano, un argentino escribiendo una novela que transcurre
en Estados Unidos. Sospechoso. Para darte un ejemplo concreto. En la Universidad de York. la
traducción al inglés de En ninguna parte, y que en inglés se llamó The Nowhere Idea, está
ubicada en la sección ensayos, probablemente porque en la contratapa hay un comentario sobre las
universidades y los académicos. Pero no creo que tenga importancia.

Cuando escribiste Silver, ¿en qué momento llevaste las riendas del personaje y en que momento
se te escapó?

Digamos que nunca se me escapó. Y no lo digo por fanfarronería ya que otros personajes se me
escaparon más de una vez y demasiados no llegaron a ningún lado ni se concretaron. Para mí
Silver fue el esqueleto de un mono que y a medida que se me iban ocurriendo ideas, lentamente lo
fui vistiendo con músculos, arterias y piel de mono con atributos humanos. Algunos comentaron
que demasiado humanos.

¿Qué te motivó a escribir Silver? Has manifestado que es la novela que te ha dado más
satisfacciones, ¿en qué sentido?

Típica pregunta para los escritores. Es como si me preguntaras para qué o por qué escribo por
más que se trate de una pregunta sobre Silver. Acerca de las satisfacciones, quizás la respuesta
sea más fácil. Después de textos más o menos 'realistas', ya Erewhon en En ninguna parte, fue una
ruptura con las mismos. Y en Silver, si bien no es fantástica (aunque algunos digan que sí), creo
que me sentí más cómodo con lo 'irreal', para decirlo de alguna manera.

La búsqueda de la felicidad en Silver, ¿es otra de las utopías de Urbanyi?

O antiutopías. Lo es. La búsqueda de la felicidad es otro de los componentes idiotas del gran
idiotismo que es el American dream. La zanahoria delante del burro. Se destrozan buscando ese
ideal y se olvidan de que viven. Pero hay muchos escritores norteamericanos que trataron este
tema a las mil maravillas, ergo, mejor que yo.

¿De qué manera crees que se articula esta búsqueda en Silver? ¿No lo ves claudicar en algún
momento?

Yo no creo que Silver la busque o, por lo menos, no conscientemente. El busca concretarse,
continuar algo que se rompió. O lucha para convertirse en un ser humano, integrarse a un mundo
que lo rechaza. No es un anacoreta. La búsqueda de felicidad es más bien algo de Dianne, que no
es la felicidad del sueño americano que es la de su marido, 'un típico' americano entre comillas. O
la de Jane. Y tampoco creo, por lo menos lo pienso ahora, que Silver claudique en lo que sea.
Más bien lo hacen claudicar.

En algunas entrevistas has manifestado : 'Silver soy yo', ¿En qué sentido Silver sos vos y vos
sos Silver?

En la medida en que mientras vestía ese esqueleto del que te había hablado al principio, yo ponía
en él partes mías, y en cambio en los otros personajes no. Tal vez en Dianne.

Esto es evidente en el encuentro final de Silver con Dianne. Este episodio me da la impresión
que marca rotundamente a Silver. Antes de eso había expresado alguna esperanza¼

O es el final de la historia, no lo sé. Como lector, podría opinar mejor. No sé si Silver alguna vez
tuvo esperanzas en algo. La esperanza es otra de las trampas del American dream y de otros
sueños. No sé quién fue, o un romano, si no me acuerdo mal, quien dijo que mi esperanza no va a
cambiar la temperatura del día de mañana.

Sin embargo, seguís viviendo en el sueño americano, ¿no hay una contradicción ahí?

Porque no me queda de otra. Y con no pocas ironías. Pablo Capanna, en una crítica, preguntó si yo
hubiera seguido escribiendo si me hubiera quedado en la Argentina. Es probable que sí, pero ¿es
seguro? Por otra parte, aclaremos, yo vivo en Canadá y si cada vez menos, todavía hay diferencias
con Estados Unidos. ¿Algo más?

Sí, para copiar a otros entrevistadores, no hay nada original en esto, te hago la pregunta:
¿Cómo querés terminar esta entrevista?

Creo que ya hablé suficiente o demasiado y démosla por terminada.

Ottawa, noviembre 1996

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