'En realidad,
ser argentino no es privilegio ni
una maldición, no es ni una virtud ni un
pecado, no es nada del otro mundo, ser
argentino es algo que le puede pasar a
cualquiera'.
Rodolfo Braceli
Si ser argentino es algo que le
puede pasar a cualquiera, ser el escritor Pablo
Urbanyi es algo que no le puede pasar a cualquiera. Nacido en 1939 en
una Checoslovaquia que se hace húngara tres meses antes de su nacimiento, de una Hungría que
ya no es Hungría sino Checoslovaquia cuando
en 1947 junto con sus padres y hermana menor
emigra a Argentina donde vive sus años
formativos hasta que en 1977 ya no es la
emigración sino el exilio. Dejando atrás una
Argentina amordazada pero no olvidada, sin ser un
desconocido en las letras argentinas, se instala
en
Canadá desde donde ha seguido escribiendo,
atizando con su humor temas que atañen a las sociedades del norte 'enriquecido'.
Urbanyi se da a conocer como
escritor con Noche de revolucionarios (1972), una
selección de
cuentos, con los que comienza a fraguar su estilo
- un humor amargo y revelador - de la cual uno,
el que da el título al libro, puede considerarse
como la génesis o el mini-laboratorio de su
producción posterior. Es evidente que muchas de
las líneas de su narrativa parten de este
cuento.
Si hay algo definido en Urbanyi es este hilo
conductor que arranca de su primer título, pero
que no
agota su insaciable capacidad de asombrar al
lector en cada una de sus obras.
El temprano descubrimiento del
humor , la desmitificación de la solemnidad y el
procesamiento
de la crueldad y del mal de forma humorística
son algunos elementos importantes en su
narrativa.
Por otro lado, la configuración de personajes
atrapados y en proceso de cosificación en una
realidad tan contradictoria como absurda, la
velada crítica de lo falso, y la iconoclastia
con que
desacraliza un mundo incuestionado y
aparentemente feliz, son otros aspectos que
llaman la
atención en este creador, y que, curiosamente,
no va a abandonar en su narrativa posterior.
Una puesta en práctica de los elementos arriba
señalados se da en Un revólver para Mack
(1975), su primera novela escrita y publicada en
Argentina, una especie de sátira o parodia de la
novela policial, que le permite desmitificar el
género y con la que logra un pronto
reconocimiento
no solo de la crítica especializada sino
también de lectores. (A pesar de los años que
la separan
de la edición en español, en 1992 aparece la
traducción al francés, publicada en Canadá por
VLV
éditeur, traducida por Jean Potvin, igualmente
seguida de buena crítica).
A la publicación de sus dos
primeros libros se agrega su incorporación como
redactor del
suplemento cultural del prestigioso diario La
Opinión de Buenos Aires que fue dirigido por
Jacobo Timmerman. Allí Urbanyi ( 1975 - 1977)
publicó varias investigaciones sobre aspectos
poco conocidos de la vida argentina, que tuvieron
especial repercusión en los medios
periodísticos, culturales y políticos, en las
que ya se revela una clara conciencia crítica.
El exilio
lo saca de cuajo de esa realidad para
transplantarlo en otra, lo cual contribuye a una
cierta
marginalidad inicial, de la que sale con el
aporte de lo escrito en Canadá, igualmente
seguido de
excelente crítica, tanto en Argentina como en
Canadá. Sin embargo, este hecho, el ser un
escritor
fraguado entre dos aguas, a lo que se une su
propia actitud personal de no transigir con nada
que
no sea su firme compromiso de escritor aunque a
veces, como él mismo reconoce, 'temo que mi
escritura no sea muy simpática para el consumo',
lo conduce a una cierta marginación. A esto
habría que sumarle su inadaptación al exilio en
Canadá, del que si bien ha logrado extraer
frutos
notablemente enriquecedores para su narrativa,
tampoco logra darle un lugar, (Urbanyi insiste en
escribir en castellano) , o si se le ofrece uno,
es 'en ninguna parte, usando
metafóricamente el
título de su primera obra escrita en el exilio.
En ninguna parte (Fundación de
Belgrano, 1981), escrita en Canadá y publicada
en Argentina,
logra rápidamente darlo a conocer en su país de
residencia al salir las traducciones al inglés
(1982) y al francés (1988) de esta excepcional
novela.. Con ella abre una veta nueva en la
literatura argentina, no solo la de la crítica a
la vida académica, como se lo ha querido ver,
sino
que también marca el punto de arranque de una
narrativa más amplia que se aparta cada vez más
de los parámetros argentinos, en la que no pocos
autores siguen buscando y explorando el ser
nacional a nivel 'temático', en el presente y
cada vez más también en la historia.
El cuarto libro, editado en
Argentina, De Todo un Poco de Nada Mucho (Legasa,
1988) muestra
al mismo Urbanyi pero con diferente ropaje, quien
bajo el pretexto de una conferencia, un curso de
español y un congreso de escritoras en Ottawa,
da rienda suelta al mejor humor satírico sin
dejar
de lado lo grotesco. Si hay una filosofía de la
creación en Urbanyi, debe encontrarse en este
libro,
en el que el mismo autor ironiza sobre sí mismo,
su lugar o falta de lugar en campo de la
literatura
y su relación con el éxito, ya sea nacional o
internacional. Más adelante sustenta su credo
literario
en la capacidad de escribir sin las limitaciones
generadas por el éxito fácil o las leyes de
mercado. La reticencia a aceptar que el escritor
se haya convertido, para la industria editorial,
en
un proveedor más de materia prima le lleva a
decir a Pablo, el escritor - personaje:
'Esto
lo comprendí dolorosamente cuando se lanzó
mi novela en inglés y el promotor de la
misma, ante mi reticencia a la publicidad
payasesca, y las giras de lectura que
organizó, me dijo con toda franqueza: 'No
sé qué piensa de usted mismo y quién cree
que es, ése es su problema; pero tiene que
comprender que a esta altura de la vida entre
una obra de arte, un salame o un queso, o un
licor importados, no hay ninguna
diferencia
' (139)
Esta concepción de Urbanyi
sobre la labor del escritor y el proceso de la
escritura, rigurosa y sin
condicionamientos de ningún tipo, (por algo se
reconoce un gran lector de Thomas Bernhard), es
puesta en práctica en cada una de sus obras, con
las que logra ir creando un mundo propio,
coherente, a pesar de las limitaciones que él
mismo se ha impuesto.
Con Nacer de nuevo (Girol,
1992), el libro que sigue a De todo un poco de
nada mucho, retoma
el cuento y otras formas breves que destacan por
su fino humor y la sátira a veces mordaz con que
ataca a individuos, grupos e instituciones de la
cultura actual. La primera parte, llamada Cartas
canadienses, siguiendo el esquema de las Lettres
persanes de Montesquieu, logra dar una visión
del asombro (o acaso ¿espanto? ) del recién
llegado al mundo del desarrollo y los anticuerpos
- o
pequeñas mentiras -que es necesario crear para
sobrevivir. Curiosamente como la de los dos
persas en París ( Letres persanes), la visión
del mundo en las cartas que escribe Pablo al
amigo
Alberto, escritas desde el punto de vista del
extranjero, no es tan superficial o parcial. como
podría esperarse.
En 1993 su novela Silver, logra
salir finalista del Premio Planeta de Argentina,
hecho que ayuda a
su publicación al año siguiente por la
editorial Atlántida. Silver cuenta la historia
de un mono
llevado a los Estados Unidos por una pareja de
científicos para estudiar su adaptación al
medio
'enriquecido'. El argumento pero en especial el
personaje, recuerdan al mono de Kafka, Informe
para una academia e Yzur, el mono del cuento de
Lugones pero Urbanyi logra ir más allá. El
mono de Urbanyi es un mono que se rebela., que
busca algo más que la aceptación pacífica. Tal
vez por esta 'similitud' Urbanyi haya manifestado
en varias oportunidades 'Silver soy yo'.
Tanto Silver, como su novela
más reciente, Puesta de sol (Girol, 1997),
marcan la culminación de
etapas anteriores del autor, en las que la
utopía - tema que subyace como vasos
comunicantes en
toda su obra - encuentra su expresión más
plena, bajo las formas más variadas del humor.
Con Urbanyi se da respuesta a la
pregunta de Cortázar : '¿Quién nos rescatará
de la seriedad?' y
se niega la repetida frase de Borges: 'Dos de
nuestros males son la falta de humor y la
solemnidad'.
¿Hasta qué punto es verdad esto que dice
Borges?
Es difícil medirlo. El argentino tiene humor,
un humor negro, un humor del que carecen países
como Canadá o Estados Unidos pero es un humor
cínico, a veces un poco gratuito: 'Apostá al
cinismo y vas a tener razón'. Quizás nuestra
historia tan cruel y las desilusiones nos
enseñaron o
nos obligaron a que seamos así. En cuanto a la
solemnidad, no me cabe ninguna duda. Una
solemnidad que llega hasta la dureza y el
envaramiento. Basta pensar un poco en la famosa
fachada del porteño y vivir un poco fuera del
país para darse cuenta de eso.
¿Podrías dar algún ejemplo?
Cómo no. La ropa, la famosa pilcha que es una
especie de revoque de la fachada que tanto le
preocupa al porteño. Es una obsesión que en
cualquier otro país sería considerado
patológico.
Hoy, después de haber vivido 20 años fuera de
Argentina, reconozco a un porteño por su manera
de caminar o la manera en que obsesivamente, con
ligeros toquecitos, se arregla la ropa esté
dónde esté, caminando, sentado en un bar o
parado mirando una vidriera.
Los argentinos tuvimos la suerte de albergar a
un Witold Gombrowicz, quien llegó a Buenos
Aires el mismo año en que vos naciste. ¿Cómo
crees que habría sido la literatura argentina de
haber ganado Gombrowicz un espacio más amplio en
esta literatura?
No sé. Los escritores talentosos, por no
decir grandes ya que últimamente todos lo son,
difícilmente dejan lugar en un espacio que
abrieron. Generalmente lo agotan. Y los que los
siguen,
no hacen otra cosa que remedarlos tristemente.
Eso no quiere decir que no creo en los maestros,
lo
modelos, Borges y Cortázar lo fueron. Ahora,
desgraciadamente, no queda ninguno. Por otro
lado,
ahí lo tuvieron a Gombrowics y lo ignoraron
olímpicamente. Algo muy nuestro por cierto. Lo
demás es un supuesto.
¿Le debes algo a Gombrowicz? ¿Llegaste a
conocerlo?
Conocerlo personalmente, no. Leí la primera
edición de Ferdydurke con su prólogo original
en el
que se relata un hermoso ejemplo de colaboración
literaria para una traducción casi imposible de
un libro tan difícil. No conservo ese ejemplar y
lo lamento. Y, aunque la traducción sea la
misma,
en las ediciones actuales ese prólogo
desapareció para ser reemplazo por uno banal. En
cuanto a
deberle algo, le debo todo lo que se le puede
deber a un maestro: inteligencia, audacia,
innovación, así como le debo a muchos otros,
tales como Arlt, Cortazar, Hasek, Swift,
Sterne,Cervantes, Quevedo o Borges. Esos son los
que me ayudan a gatillar la mente, si es que
tengo pólvora y la mecha se puede prender,
claro.
¿Cómo ves el humor en la literatura
latinoamericana? Donald Shaw dice que el humor es
un
fenómeno relativamente nuevo en la nueva
narrativa latinoamericana y que la sátira ha
pasado
a ocupar el lugar que otrora ocupara el
compromiso. ¿A qué crees que se
deba este cambio?
A que probablemente hayan perdido la fe y a
los ideales se los llevó el viento que trajo el
aroma
de McDonalds y las burbujitas Coca-Cola.
Ergo, la solemnidad del compromiso. En otras
palabras, a que el imperialismo, en virtud del
milagro de las palabras, se convirtió en
inversión
de capitales del que todos, los que pueden,
quieren o sueñan con un cachito. Es posible que
Shaw
tenga razón, pero lo que leí hasta ahora,
incluida la ligera, muy light literatura
femenina, lo que
veo es un humor muy pobre que más bien da ganas
de llorar. El humor es algo muy serio. Detrás
debería haber algo tan serio y profundo como
detrás de la tragedia. Los magiares (o los
magyar)
tienen un dicho: 'Llorando se divierte el
húngaro'. El humor actual de los escritores
latinoamericanos, salvo contadas excepciones, es
un humor de humoristas que todos los días,
cada semana, tienen que producir algo, hecho de
taquito y que busca la complicidad del lector:
'Vamos, divirtámonos un poco, jodamos, vos y yo
sabemos que esto no es serio'. Está muy lejos de
aquella observación inteligente, entre otras, de
Arthur Koestler: 'El humor es la resolución de
situaciones irresolubles o profundamente
contradictorias'. O algo así. No sé si cito
bien.
Por detrás de todas tus obras aparece siempre
el tema de la utopía. ¿Por qué te interesa
tanto
este tema? ¿Hasta qué punto crees que nuestra
época da cabida al pensamiento utópico?
Digamos que al pensamiento utópico en
'miniatura'. Creo que ante una realidad
aplastante y
aceptada pasivamente por las ansias de esclavitud
del ser humano, (Bruno Bettelheim, en cuanto
fenómeno psicológico, en cuanto social, el
pequeño burgués), sólo quedan las pequeñas
utopías.
Las grandes utopías han desaparecido o quedan
como piezas de decoración y ensoñación en los
libros de ciencia ficción. Utopía es siempre
algo no realizable. De esta manera, soñar con
una
casa fin de semana, un auto nuevo, un viaje,
nacer de nuevo sea como fuere, también pueden
ser
utopías pero en miniatura. Pero digamos que la
única razón por la que me interesa es que nos
han
convencido que vivimos en el mejor mundo posible,
ergo, en una utopía.
¿Y acaso no lo es?
¿Desde cuándo? Sólo para los creyentes: la
economía del mercado es la mejor y vivimos en el
mejor de los mundos posibles. Y lo digo en el
sentido más religioso de la palabra. Vargas
Llosa
llamó a los empresarios 'los mártires del Siglo
XX'. Yo no creo que él tenga humor o suficiente
capacidad de ironía como para decirlo,
justamente, como ironía. Y creo que sería la
ironía y el
sarcasmo más bello que se pueden acuñar. No hay
empresario que no sufra o no llore por ganar
poco. Pero este tema ya lo trató mucho mejor
Voltaire en Cándido.
¿Cómo ves lo utópico en tu obra? Yo veo una
continuidad en el tratamiento del tema pero
también una progresión y una mayor toma de
consciencia en tus últimos libros. No me
animaría
a hablar de evolución sino mas bien de
perspectivas nuevas, tal vez condicionadas con tu
situación de 'outsider' en la cultura
canadiense. ¿Me equivoco?
Bueno, eso de outsider no estoy muy
convencido. Yo creo que un verdadero escritor
siempre, esté
dónde esté, en su patria o fuera de ella, debe
ser un outsider. Si no, ¿qué nos trae de nuevo?
¿Qué
'descubre', dicho entre comillas? ¿O qué
critica? Historias de futbolistas o biografías
de estrellas
o chismes. En otras palabras, se habla más de
Borges de lo que se lo lee realmente.
¿Qué tenés contra los futbolistas?
Nada, absolutamente nada. Hablo de una escala
de valores y de su distorsión. Pero , como
ocurre
siempre, esto ya lo señaló Musil hace cuarenta
años cuando su personaje Ulrich descubre que a
un
caballo se lo puede llamar genial.
Volvamos a lo de 'outsider'.
Quizás, no sé, me dé la ventaja de poder
ver con más facilidad las contradicciones y los
absurdos,
tal como me dijo un día Raúl Gustavo Aguirre,
que en un Revólver para Mack describo al
porteño
mejor que nadie por ser de otro país. Esto
tampoco creo que sea verdad, hay quienes lo
describieron cien veces mejor que yo, sin ir más
lejos, Arlt o en ensayos como El hombre que
está solo y espera. Queriendo ser o siéndolo,
un poco coherente con la primera respuesta,
utilizo
la utopía para criticarla, en otras palabras,
creo, para señalar las contradicciones y los
fracasos
de las utopías que no solamente nos venden, sino
que nos quieren poner como chalecos de fuerza.
Probablemente una especie de ilusión. Quizás
sería suficiente hablar de mitos tales como la
aparente omnipotencia de la educación, como
solución a todos nuestros males (la droga, el
alcohol, para encontrar trabajo, etcétera) ,
pero en el caso de Silver va más allá, me
parece, ya
que hay un delirio de una 'Nueva sociedad' o un
'Nuevo mono' por no decir 'Nuevo hombre', en
este caso. No creo que sea por ser un outsider,
sino más por frases como 'Estudiando a los
monos,
comprenderemos mejor cómo llegamos a ser como
somos' o parecidas.
En Silver, vuelve a aparecer,
recurrentemente, el tema de la utopía. ¿Cómo
ves a Silver,
¿como una utopía de las libertades o utopía de
la Libertad?
Podría decir que de las dos maneras. Ninguna
sociedad ha vivido ni bebido de los mitos como la
nuestra. Mitos insustanciales, lejos de los
antiguos con contenidos profundos, hablo de las
mitologías o de las religiones. Creo que el mito
de la libertad, muy pagana por cierto, es uno de
los más grandes que se ha creado en este siglo y
se complementa perfectamente con la palabra
democracia. Jamás fuimos tan esclavos. Hay mil
definiciones de la libertad, como por ejemplo:
'No hay libertad, hay libertades', acuñado por
un abogado. Pero si hablamos de libertad, debemos
tener en cuenta la autonomía del individuo y
vivimos cada vez más en una Sociedad Anónima en
la
que somos cada vez más dependientes y menos
autónomos. De mitos hablando, el regreso a la
naturaleza, 'respirar la libertad', es la que
inspira a la pobre Jane para resalvajizar a los
monos
domesticados y corrompidos por la civilización,
llevándolos a la selva.
Desde una perspectiva diferente, ¿es
libre Silver? Rebelarse, ¿no es acaso una manera
de
ejercer la libertad?
No, Silver no es un ser libre o, como
humanoide, lo es como nosotros. En cuanto a
rebelarse, sí,
creo que es una manera de ejercer la libertad. La
única quizás. Si uno lo piensa bien, en la
pasividad del ser humano de hoy, hay algo
profundamente triste, con olor a derrota. Sin
embargo,
hay que reconocer que la tragedia de hoy es que
no sabemos contra qué debemos rebelarnos o
estamos solos en la rebelión. O cuando tenemos
la libertad total, como Silver en la selva, nos
entra el pánico y buscamos la jaula que para
Silver es la civilización. Vivimos en profundas
contradicciones.
Eso engancharía perfectamente con lo que
comentaste en una oportunidad: 'Creo que las
utopías de mis libros se dirigen a un
imposible'. ¿No hay una contradicción aquí? En
lugar de
utopías estaríamos frente a las antiutopías
modernas.
Quizás sacando la palabra 'moderna', estoy
completamente de acuerdo. La antiutopía existe
desde
los tiempos de Luciano. Es suficiente que las
llamés antiutopías.
Se habla mucho de transgresión en literatura,
transgresión en el sentido bajtiano de ruptura
con la norma. ¿Consideras Silver una obra
transgresora? ¿En qué sentido?
Diría que eso es como tirarle un escopetazo a
un elefante desde un metro de distancia. Toda
obra
de calidad es transgresora. No hay ni una que no
lo sea. Siempre va contra algo. Y no puede evitar
que lleve la ruptura contra la norma. Y si Silver
es buena, en el sentido que lo entiendo yo (no
olvides que vos sos lectora y ojo con lo que
dicen los escritores), es una obra transgresora.
En Silver, Marco, el interlocutor-confesor
de Silver dice: 'Nunca le he hecho el juego la
folclorismo que esperaban de mí; siempre me he
negado a poblar mi país adoptivo con
espíritus, gauchos, gnomos u otras magias'.
¿Pueden llevarse estas palabras al autor Pablo
Urbanyi?
Cien por cien. Esto de que lo que dice el
narrador es una cosa y lo que dice el autor es
otra, no
siempre es verdad. Por otra parte, es trágico.
De la misma manera que se venden toritos y
toreritos
de plástico, o ponchos y quenas de Los Andes,
hay escritores que venden los mitos aztecas o
mayas o quichuas empaquetados y con la etiqueta
'literatura' o 'arte'. Hasta hay quienes inventan
necrofilias como la argentina for export, igual
que el tango. Para el gusto, para lo impuesto,
para
lo esperado, para lo preconcebido, no soy un
escritor 'típico'. Parece que ser heredero de
Cervantes, aunque sea por el idioma y no de su
grandeza, no es suficiente.
¿Es difícil no ser un escritor 'típico'
y cuales son las sanciones que se reciben por no
serlo?
Lo es, creeme. Muchos de los que andan por
afuera y no lo son, terminan cacareando sobre las
Universales, como el amor, perdón, es mucho
mejor decir 'pasión', la guerra, el hombre en
busca
de su destino, el sufrimiento del individuo
perdido en el desierto y todas esas cosas, que,
irónicamente, pueden ser verdad, pero,
justamente, al cacarearlas, como lo hacen
demasiados, es
una trampa para los ingenuos y sólo despiertan
una sonrisa de indulgencia. Hay cosas de las que
sólo se puede y debe escribir y no hablar, o
viceversa.
Eso no está muy claro.
Para mí sí. Es mucho más significativo un
abrazo profundo que cien palabras. ¿Dónde
diablos está
el arte? Cuando un escritor habla de su obra,
muchas veces la supera con la verborragia o con
la
teoría que se fabricó para explicarla o
escribirla. Yo tampoco estoy a salvo de esa
trampa y
peligro cuando hablo de lo que escribo. Supongo
que, si el arte existe, es para algo,
principalmente para transmitir emociones,
vivencias, dimensiones, visiones, trampas, que no
se
pueden expresar con palabras. Y todo lo que puedo
expresar verbalmente, con palabras, no
necesita el arte. Y el hecho que se usen palabras
para escribir, es la verdadera maravilla y el
milagro.
En cuanto a las sanciones...
Oh, más que nada debidas a las estructuras
mentales. ¿En qué parte de los estantes de la
biblioteca
lo ponemos? ¿Entre los argentinos? ¿Los
canadienses? ¿Los húngaros? ¿Sobre qué
escribe? Hum,
qué raro, al decir de un editor norteamericano,
un argentino escribiendo una novela que
transcurre
en Estados Unidos. Sospechoso. Para darte un
ejemplo concreto. En la Universidad de York. la
traducción al inglés de En ninguna parte, y que
en inglés se llamó The Nowhere Idea, está
ubicada en la sección ensayos, probablemente
porque en la contratapa hay un comentario sobre
las
universidades y los académicos. Pero no creo que
tenga importancia.
Cuando escribiste Silver, ¿en qué
momento llevaste las riendas del personaje y en
que momento
se te escapó?
Digamos que nunca se me escapó. Y no lo digo
por fanfarronería ya que otros personajes se me
escaparon más de una vez y demasiados no
llegaron a ningún lado ni se concretaron. Para
mí
Silver fue el esqueleto de un mono que y a medida
que se me iban ocurriendo ideas, lentamente lo
fui vistiendo con músculos, arterias y piel de
mono con atributos humanos. Algunos comentaron
que demasiado humanos.
¿Qué te motivó a escribir Silver? Has
manifestado que es la novela que te ha dado más
satisfacciones, ¿en qué sentido?
Típica pregunta para los escritores. Es como
si me preguntaras para qué o por qué escribo
por
más que se trate de una pregunta sobre Silver.
Acerca de las satisfacciones, quizás la
respuesta
sea más fácil. Después de textos más o menos
'realistas', ya Erewhon en En ninguna parte, fue
una
ruptura con las mismos. Y en Silver, si bien no
es fantástica (aunque algunos digan que sí),
creo
que me sentí más cómodo con lo 'irreal', para
decirlo de alguna manera.
La búsqueda de la felicidad en Silver,
¿es otra de las utopías de Urbanyi?
O antiutopías. Lo es. La búsqueda de la
felicidad es otro de los componentes idiotas del
gran
idiotismo que es el American dream. La zanahoria
delante del burro. Se destrozan buscando ese
ideal y se olvidan de que viven. Pero hay muchos
escritores norteamericanos que trataron este
tema a las mil maravillas, ergo, mejor que yo.
¿De qué manera crees que se articula
esta búsqueda en Silver? ¿No lo ves claudicar
en algún
momento?
Yo no creo que Silver la busque o, por lo
menos, no conscientemente. El busca concretarse,
continuar algo que se rompió. O lucha para
convertirse en un ser humano, integrarse a un
mundo
que lo rechaza. No es un anacoreta. La búsqueda
de felicidad es más bien algo de Dianne, que no
es la felicidad del sueño americano que es la de
su marido, 'un típico' americano entre comillas.
O
la de Jane. Y tampoco creo, por lo menos lo
pienso ahora, que Silver claudique en lo que sea.
Más bien lo hacen claudicar.
En algunas entrevistas has manifestado :
'Silver soy yo', ¿En qué sentido Silver sos vos
y vos
sos Silver?
En la medida en que mientras vestía ese
esqueleto del que te había hablado al principio,
yo ponía
en él partes mías, y en cambio en los otros
personajes no. Tal vez en Dianne.
Esto es evidente en el encuentro final de
Silver con Dianne. Este episodio me da la
impresión
que marca rotundamente a Silver. Antes de eso
había expresado alguna esperanza¼
O es el final de la historia, no lo sé. Como
lector, podría opinar mejor. No sé si Silver
alguna vez
tuvo esperanzas en algo. La esperanza es otra de
las trampas del American dream y de otros
sueños. No sé quién fue, o un romano, si no me
acuerdo mal, quien dijo que mi esperanza no va a
cambiar la temperatura del día de mañana.
Sin embargo, seguís viviendo en el sueño
americano, ¿no hay una contradicción ahí?
Porque no me queda de otra. Y con no pocas
ironías. Pablo Capanna, en una crítica,
preguntó si yo
hubiera seguido escribiendo si me hubiera quedado
en la Argentina. Es probable que sí, pero ¿es
seguro? Por otra parte, aclaremos, yo vivo en
Canadá y si cada vez menos, todavía hay
diferencias
con Estados Unidos. ¿Algo más?
Sí, para copiar a otros entrevistadores,
no hay nada original en esto, te hago la
pregunta:
¿Cómo querés terminar esta entrevista?
Creo que ya hablé suficiente o demasiado y
démosla por terminada.
Ottawa, noviembre 1996
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