Enfrentando
utopías entrevista a
PABLO URBANYI |
¿Qué recordás de la época
en que trabajabas para
el Suplemento Cultural de "La Opinión" ?
"Pregunta amplia por cierto. Recuerdo demasiadas cosas. "La Opinión" era un diario selecto y para entrar, especialmente en la parte cultural, había que tener, justamente, antecedentes culturosos. Yo para entonces, ya había publicado dos libros y entré por concurso. Para ser francos, allí, trabajando, hice mi aprendizaje de periodista. Nunca antes había escrito artículos y gracias a la ayuda de Alberto Szpunberg y Julio Ardiles Gray, salía adelante con cierta gloria. Recuerdo que "La Opinión" era una especie de diario de élite, hasta decían que el 1 en el mundo de habla castellana. Digamos que un diario de élite en serio y no con aires de élite por más que muchos de los que trabajaban allí, paseaban por el mundo con aire de perdonavidas, un fenómeno que parece haberse multiplicado.
La verdad es que todavía en aquel tiempo se hacía lo que se llama periodismo de investigación. Otros, como la revista "Humor", creo, lo llamó el "Le Monde" del subdesarrollo. Y no sé quién: el alimento favorito del pequeño burgués con ínfulas de revolucionario. Sin embargo, Timerman mismo lo definió como un diario de derecha escrita por izquierdosos. Entré en 1975, en el 77, si mal no me acuerdo, se produjo el golpe militar. Recuerdo que allí aprendí a tener miedo. O tal vez sería mejor decir, a resucité ese miedo que ya traía de la Primera Guerra Mundial que pasé y lo viví en mi infancia. Por último, de aprendizajes hablando, allí aprendí que ese famoso oficio de periodista y escritor, es un vulgar mentira. Desde el día que entré, dejé de escribir la obra que realmente me interesaba. Y uno termina no siendo ni lo uno ni lo otro. Sabio consejo de Borges, el que quiera escribir, no debe leer los diarios.
¿Que pensás del lugar que debería ocupar un diario
hoy, en La Argentina ?
Bien, ¿qué es un diario? Hace décadas, Chesterton lo definió como "El arte de llenar los espacios vacíos que deja la propaganda". Y hoy por hoy, encuentro que es una definición más actual que nunca. Hasta "Le Monde" tuvo que aceptar los colores en sus avisos y el año pasado celebró su primer año de ganancia después de un lustro de pérdidas. Hoy, la mayoría de los diarios pertenecen a verdaderos grupos de poder y por supuesto, están a su servicio. El ocultamiento de la información y la falta de crítica, es pan nuestro de cada día; esto lo demostró claramente Chomsky. Los diarios buscan articulistas con nombres que resuenen y vendan en vez de articulistas que digan la verdad o que escriban sobre temas que te hagan y más, que te obliguen a pensar. La investigación periodística prácticamente ha muerto. Un periodista que quiera serlo de verdad (y no escritor), casi está obligado a trabajar en forma independiente con el grave peligro de morirse de hambre.
Claro que todavía existen buenos periodistas pero escriben libros. Para darte un ejemplo: El planeta americano, de Verdú, una síntesis excelente sobre el único país del mundo que no tiene nombre, los Estados Unidos. El diario se ha convertido en una alimento cotidiano, indigesto o no, del que casi no vale la pena recortar un artículo. Se lo termina de leer y ya envejeció. Vender cada vez más ejemplares es la consigna y por esa razón compiten con las novelas folletinescas por entrega. Estiran una noticia sensacionalista hasta el hartazgo y hasta que no quede nada de ella. El caso Diana, para nombrar uno. El nombre de un diario, como por ejemplo "Diario Independiente", no es más que un nombre virtual. Además, lo más triste, en la democracia, opinión va, opinión viene, que esta dijo, que aquel refutó, parece que han perdido su fuerza aunque digan la verdad. Con otras palabras: entre muchos parteros se perdió el bebé o sea, la verdad. El diario, si es que lo fue alguna vez, dejó de ser el cuarto poder. Para poner tu pregunta de otra manera, la existencia de los diarios, ¿tiene algún sentido?
Por lo que he leído de tu obra y otras fuentes, la
ironía, el humor
te sirven para desvelar mitos muy arraigados en el mundo...
¿Qué pensás, entonces, de esos modos, como escritor?
Como creador ¿ dónde están sus ventajas y limites?
Y podrías agregar los peligros. Digo, porque la ironía y el humor se deslizan fácilmente hacia la burla. Y la burla no tiene gran valor, diría que ninguno. En cuánto a lo que pienso, veamos. Sin tratar de construir una esas teorías a las que son dados los escritores (especialmente cuando se trata de sus propias obras), más que los teorizadores, diría que un ser humano más o menos completo, como dones de Dios, lleva en sí una (o tendría que llevar) una gama amplia de sentimientos, desde la tristeza hasta la alegría, incluyendo la ambición, el egoísmo, y todos lo pecados capitales que quieras. El humor y la ironía también forman parte de esa gama. Por supuesto, como Dios, por más que sea perfecto, nunca distribuye los dones de manera igual y pareja, muchos no tienen humor ni la capacidad de percibir la ironía. Para mí la ironía y el humor, nunca dejo de repetirlo, lo que dijo tan claramente, son, como lo definió Arthur Koestler, la resolución de las contradicciones irresolubles. Esta es una función que puede cumplir hasta un buen chiste. Esa serían sus ventaja. Y sus límites, como la vida es una continuidad y un devenir que nos pone frente a esas situaciones cada día, sería la muerte. En este caso, sólo queda callarse.
Entiendo que enfrentas a las utopías en tu obra, con
otras..
¿qué hay de las esperanzas?
| Mi intención es, no sé si lo
he logrado, es enfrentar mis utopías con la Gran Utopía
(estrictamente política y económica, y ésta supone la
felicidad) que nos han vendido como un buzón y la que ya
satirizó Voltaire en Cándido: que vivimos en el mejor
de los mundos posibles. Por supuesto, las grandes
utopías han muerto o fracasado (el comunismo en la
URSS), lo mismo que los ideales, de modo que sólo quedan
las pequeñas. Ergo, como escritor, por más que me
devane los sesos, no me queda otro recurso que "
meterme" con las pequeñas. La casa fin de semana,
el regreso a la naturaleza, con Coca-Cola la vida va
mejor e, irónicamente incluso con la famosa
"esperanza" que no es otra cosa que una ayuda,
o peor, una ilusión para morirnos mejor. Creo que en el mundo en el que vivo, es una de las palabras más usadas, prueba de que quedan muy pocas. Entendámonos, sin una dosis de esperanza, creo que sería imposible vivir: de allí el suicidio de muchos depresivos. Pero no sé cómo se puede vivir de ella, en otras palabras, así como un romano dijo (no me acuerdo cuál) "Mi esperanza no va a cambiar la temperatura del día de mañana", no sé cómo, el sandwich que no comí hoy, lo voy a comer mañana. |
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En medio de una globalización o mundialización, como
prefieren decir los franceses,
¿qué utopías te gustaría enfrentar?
Creo que en gran parte ya respondí a esta pregunta. Pero podría sugerir las utopías localistas, la defensa de la lengua, de nuestra tradición, hasta reducirlo a mi casita de fin de semana que no tengo. Pero temo que sería una especie de pandemónium de las utopías, cosa que en la práctica ya lo es.
Tu utopía mas recurrente.
Es demasiada personal, pero no secreta: la búsqueda de la paz, la reconciliación, re-ligar lo fragmentado. Pero lamentablemente esta no figura mucho en mis textos.
En tu nuevo libro te ha preocupado, la estructura
literaria, la forma, ...
¿Qué importancia le das a eso en la obra y su mensaje ?
Preocuparme, lo que se dice preocuparme, nunca me preocupo mucho por la estructura literaria ni por la forma. Lo que me preocupa es lo que quiero decir, expresar algo, y más que buscar la forma, paciencia y paz por medio, y por supuesto el trabajo, dejo que la estructura y la forma vengan a mí. Llamálo inspiración si querés. Hay algo de eso, o más bien como decía Gombrowicz, pequeñas inspiraciones e impulsos. Y una cosa muy importante: no te olvidés que vivimos en una época altamente ecléctica.
¿Cómo encaja, en toda tu obra artística, este nuevo libro ?
Ni idea. Soy malo para hablar de mi propia obra y creo que todos los escritores lo son. Del dicho al hecho, hay un trecho. O se puede correr el peligro de que la opinión o la teoría supera la realidad o la calidad de la obra. Demasiadas veces leí las opiniones y explicaciones de los autores sobre sus obras y otras tantas me desilusioné cuando los leí. Ningún escritor sabe exactamente (quizás ni aproximadamente) lo que hace en realidad. Lo que sí te puedo decir que mi último libro es una especie de retorno, emocional y cultural, si querés, al país que me formó y marcó para toda la vida: la Argentina. Cuando llegué allí, al famoso Norte, el impacto fue tan grande que abandoné todo lo estaba escribiendo y me dediqué a comprender la liturgia de ese mundo. Silver es el mejor ejemplo. Quizás esos años fueron muy útiles para que Puesta de sol, madurara definitivamente.
¿Como es un día tuyo en el trabajo de una novela?
¿Trabajás en varias cosas al mismo tiempo?
¿Escribís cuento, poesía?
| Hice un mandamiento de lo que Borges me dijo
un día: "Urbanyi, nunca escriba sobre un tema que
no lo llame". Y como últimamente, lo que más
escribo son novelas, lo hago todos los días sin tratar
de forzar la mano. En otras palabras, trato de evitar la
"fabricación". Quizás escriba dos páginas
que no me satisfacen en absoluta y van a terminar en la
basura o diez líneas que me dan mucha satisfacción pero
nada tienen que ver con la espina de la novela y
terminan, si no, en la basura, archivadas para ser
encontradas de pura casualidad un día. Te aseguro que es
un trabajo insalubre. Doy a leer, escucho los comentarios las críticas y les hago caso cuando son acertados a pesar de haber esperado que me digan: "Esto es lo mas genial que se escribió después de Homero". No puedo trabajar en varias cosas a la vez, pero si algo me satura, antes de que se pudra, me pongo a trabajar en otra cosa. En un tiempo escribía muchos cuentos, ahora ya no tanto. Quizás en los intervalos o en los momentos vacíos entre una novela y otra. Para la poesía jamás tuve talento. |
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Cuando leí Puesta de sol,
me pareció ver, "en parte",
la voluntad de hacer tus memoria o una especie de
autobiografía...
Temo que mi respuesta sea la de un abogado, sí y no. Una profesora argentina- norteamericana que la leyó pero no me conoce en absoluto, me escribió: "Tengo la impresión que el elemento autobiográfico va algo mas allá de lo que aparenta. O, en realidad, te las has ingeniado como para que parezca así". Lo cual quiere decir que, hablando técnicamente (palabra ésta detestable), podés crear una " apariencia" o "verosimilitud" , si querés, que parezca autobiográfico.
Hay algo más. No sé qué escritor francés dijo que no hay novela que no contenga algún elemento autobiográfico. Con todo esto te quiero decir, siempre manteniéndome en la línea del abogado, que en el fondo, no tiene ninguna importancia si una novela tiene o no tiene elementos autobiográficos. Y para responderte ya directamente, creo que no hubo una "voluntad" de hacer mis memorias. La novela la pedía o la exigía, eso es todo.
En Puesta de sol, ¿cuánto hay de autocrítica y de crítica?
Otra pregunta que me obliga a hablar de mi novela. No sé, ni puedo saber exactamente cuánto. Lo que sí te puedo decir es que el autor que de alguna manera no realiza jamás en su vida o no recurre a la autocrítica (no me refiero a la abierta o a la exhibicionista al estilo de Maradona y demasiados otros), lo más probable es que no se desarrolle ni crezca jamás. Y en el caso de la crítica, bueno, creo que tal como lo dijo Roa Bastos, no vale la pena escribir si no es "en contra".
¿Es una novela alegórica?
No sabría decírtelo. En este mundo lleno de teorías y opiniones, hay veinte o treinta definiciones de lo que es una alegoría. Quizás encaje en alguna, pero no lo puedo afirmar ni negar.
¿Por qué las fichas, las notas de actualización,
el sarcasmo contra los médicos, y los padres?
Bueno, el asunto de las fichas, no es más que un recurso literario que pedía el tema: un informe a un médico. Las notas de actualización surgieron automáticamente ya que se supone que es una historia que se escribió hace mucho tiempo y todo es cuestión de pasarla en limpio. En cuanto al sarcasmo contra los médicos viene desde el tiempo de lo griegos, pasando por Cervantes, Moliére y últimamente Thomas Berhard. En la práctica, es triste decirlo, no han servido de mucho en cuanto a enfrentamiento a una institución que implica poder otorgado por un título que se obtiene con buena memoria como una computadora y en el que no se cuenta la calidad humana, la empatía hacia el paciente en una ciencia que en realidad es un arte.
Sin embargo, pueden ser muy útiles para hacer pensar a algún lector en esa lucha de la vida cotidiana para que se pueda hacer, por lo menos, una pregunta: este médico que me atiende y en cuyas manos está mi salud o mi vida, ¿es realmente un ser humano o un comerciante o un ejecutivo yuppy?
En lo que al sarcasmo hacia los padres se refiere, yo preferiría hablar de una profunda ironía amarga que crean esos episodios en la vida de una pareja.
¿Qué escritores leés o releés?
Evito los best-sellers, el famoso último libro de tal o cual. Con los años uno adquiere demasiada experiencia y se da cuenta en la primera página si esas escritura o texto o llamálo como quieras, tiene calidad, si dice algo más de las palabras que garabateó. No siento vergüenza de no haber leído tal o cual libro. Por otra parte, es imposible leer a todos. Cada vez hay más escritores y menos lectores.
Sigo un poco lo que Goethe comentó sobre lo que hoy
se llama información: "Tengo horror a todo lo que me
instruye sin aumentar o estimular de un modo inmediato mi
actividad". Entonces, releeo o leo aquellos que espolean mi
actividad.
¿Qué ves en tu horizonte de escritor y como imaginás tu retorno a Argentina?
No veo mucho ni poco. A pesar de haber recibido bastante becas, me siento atado a la búsqueda de las rupias que me hagan comer. No sé si a esta altura de mi vida (mi hijo 28, mi hija 30, cada uno con su pareja) me atrevería a hablar o a imaginar un retorno a la Argentina. Pero si de imaginar se trata, imaginémoslo: tener suficiente dinero para escapar de ese maldito invierno canadiense y pasar el verano aquí, aunque me derrita por el calor.
Internet, 30 de mayo de 1998
Otawwa-Buenos Aires
© G-tec , 2001.